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CUANDO EL RIO SUENA ...

Casi todo lo que andan diciendo las olas viene a parar a los oídos de La Recalada.
En esta sección te lo contamos a vos. Pero no nos hacemos cargo! Lo dicen las olas ...
Claro que cuando el río suena ...

Dicen las olas ... 
... que el otrora pacífico y amable foro del María Celeste no puede sofocar el motín de los piratas que está dejando un baño de sangre en cubierta. Dicen que dicen que ya varios se bajaron y huyeron a nado buscando cobijo en las playas ...

Dicen las olas ...

... que hubo muchos barcos que todavía no se habían despegado las lagañas cuando ya estaban dando la señal de largada para la regata Fragata Libertad, a pesar de que se postergó la hora justamente para esperarlos. Dicen que dicen que los que se quedaron sin correr están mandando al club organizador a dedicarse a la pesca porque lo acusan de haberles secuestrado los despertadores a todos ...

 

Dicen las olas ...

... que los paparazzi apostados entre los juncales del Ballenas lograron inmortalizar las penosas imágenes de la angurria de ciertos piratas que repitieron tres y hasta cuatro veces  el  locro sin importar si quedaba algo para los demás. Dicen que dicen que el vino no se hizo de rogar ...


Dicen las olas ...

... que a un Oscuro Navegante que tiene en Olivos su guarida se lo vio muy acaramelado en el encuentro pirata en el Ballenas con el más alto representante en la tierra de una Nueva Fe náutica. Dicen que dicen que no estaban totalmente borrachos ...

Dicen que dicen que las fotos robadas al encuentro filibustero, romance incluido, están guardadas en un arcón en estas coordenadas ...


Dicen las olas ...

... que la rebelión de los regatistas obligó al club de Olivos a modificar la hora y el precio de inscripción de la regata a Piedra Diamante por condiciones más razonables. Dicen que dicen que de todos modos hay muchos que ya no la pueden correr ...


Dicen las olas ...

... que los Navegantes Solitarios del Río de la Plata no son tan solitarios. Dicen que dicen que no sólo navegan en conserva sino que a veces algunos capitanes llevan compañía y no es la que tienen en casa ...

 

Dicen las olas ...
... que hay gran enojo con el YCO por el precio  y la hora de largada fijados para la regata Piedra Diamante prevista para el 30 de mayo próximo, para el campeonato de Dobles en ORC Club. Dicen que dicen que la mayoría de los barcos de la clase no la va a correr ...


Dicen las olas ...

... que conocido profesor de náutica estuvo en parque cerrado durante dos días con señorita que supo ser Miss Argentina ...


Dicen las olas ...

... que una navegante muy allegada a esta redacción, que ahora se las da de periodista, solía jactarse de tener "ortografía perfecta", hasta que le colocaron el bonete del rebuznador en el foro ciberkinético, porque en su primera nota escribió "spy" y "spynnaker" en lugar de "spi" y "spinnaker" como corresponde. Dicen que dicen que desde entonces, anda como alma en pena recorriendo las marinas repitiendo su letanía: "Lo escribí mal ... pero lo trabuché de diez" ...


Dicen las olas ...
... que un fotógrafo oriental que guarda su poco navegado barquito en un puerto del puerto, anda con el estómago muy resfriado haciendo a cada paso las que hace un palomo buchón. Dicen que dicen que los códigos no son su especialidad y que hay varios que lo buscan para practicar box ...

Dicen las olas ...
... que un conocido regatista, socio del club de la cerveza, se pone como loco cuando alguien le dice que la cabina que le construyó a su chata frutera es demasiado alta ...

Dicen las olas ...
... que un manguruyú les contó que un socio del club del pajarraco volador pidió insistentemente que se incluyera la categoría de "solitario" en el campeonato interno y cuando llegó el monento, no corrió ninguna de las regatas del calendario, quedando la categoría desierta ... 

Dicen las olas ...
... que una nave que se jacta de ser Pirata aparece a veces como la María Celeste porque toda la tripulación está en un club del Río Luján que tiene nombre de ave exprimiendo hasta las últimas siete gotas de incontables botellas de vino. Dicen que dicen que consecuencia de estos encuentros algún pirata ha fondeado un calefactor en su amarra ...

Dicen las olas ...

... que a un muy embobado navegante de ojos azules que dio la vuelta al mundo en catamarán se lo escuchó decir, mientras abandonaba todo para seguir a una morocha: “Tira más un rulo de sirena que una yunta de remolcadores de empuje!” Dicen que dicen que pasó mucho tiempo hasta que lo volvieron a ver ...

 

Dicen las olas ...

... que a un agudo pensador y navegante de origen argentoirlandes nacido en Lobos en 1919, se lo ve apuntando con su bastón a las lujosas naves que amarran en los muelles del YCA Dársena espetándoles:

-Y ... mientras la gente crea que sólo con pagar en las casas de náutica los mejores elementos de seguridad  éstos lo salvarán del desastre, será entonces Darwin quien domine la situación y no el sentido común ...

 

Dicen las olas ...

... que después de uno de esos interminables intercambios de flores que suele producirse entre un añejo nauta que gasta estancia en Lobos y un habitual aunque no por eso muy Amado integrante del foro ciberkinético, se escuchó este diálogo entre el añejo y su nieto mayor, mientras daban cuentas de unos ricos chorizos de campo:

Añejo Nauta: “Ese tipo es el QRM del foro ciberkinético!”

Nieto Mayor: "Hay que reconocerle el sobrehumano esfuerzo que supone ser Amado ... yo hubiese preferido morir pisado por el 60 ...”

 

Dicen las olas ...

... que a un conocido navegante de amarra que se quejaba de los servicios faltantes en su club, un nauta oriundo de Lobos con apellido irlandés le contestó: “Lo importante es navegar, cuanto más navegamos menos necesidad tenemos de un solo club completo porque los tenemos a todos”. Dicen que dicen que acompañó estas palabras con algún bastonazo que afortunadamente pifió su objetivo ...

 

Dicen las olas ...

... que allá por el año 1967, al salir de una cena con amigos en el YCA Dársena donde hubo profusión de vinos de todos los colores, un entonces todavía joven nauta argentoirlandés le dijo al marinero que lo ayudaba a salir del agua: “Siempre me pego una duchita antes de ir a dormir ...”

 

Dicen las olas ...

... que el antiguo pensador y filósofo estanciero y yachtman se niega a seguir votando en las elecciones, porque afirma que: ”Desde que tengo uso de razón la historia argentina ha pasado tantas veces por el mismo lugar que ya tengo el culo con rosca”


Más chimentos ...



NAVEGUEMOS JUNTOS

La Comisión de Abogados Discapacitados de la Pcia de Buenos Aires, anualmente otorga un Premio "Distinción Adriana Esther Labatón" (en homenaje a una abogada discapacitada que luchó mucho por las personas con discapacidad, y sirvió de base para el nacimiento de esa Comisión). Este año se decidió otorgar la distinción a la Armada por los Programas "Naveguemos Juntos" e "Inserción Laboral para Personas Discapacitadas".

La Capitán de Fragata Maria Inés Flores, responsable del programa, difundió en el Foro de Navegando por el Mundo la noticia del merecido premio:

“26 de mayo de 2009.

Queridos amigos:

Les cuento que premiarán a la Armada por sus programas 'Naveguemos Juntos' e 'Inserción Laboral para Personas Discapacitadas'; la mayor alegría es que la propuesta surgió de nuestros propios alumnos, abogados, que forman parte de la Comisión que otorga el premio. Vero Frezetti (la Presidenta) y Alejandro Costa Hoevel son pupils desde el 1º curso de 2006 y Julio Ceccardi, que también integra la Comisión, hizo el curso el año pasado.

En Naveguemos Juntos estamos ¡FELICES! y quiero compartir esta distinción con todos Uds. que siempre nos han brindado su apoyo alentándonos a seguir adelante.

¡MIL GRACIAS!

Un beso grande

Marinés”

 

A las felicitaciones recibidas de La Recalada, contestó con un emotivo mail compartiendo su entusiasmo por el programa:

“Quiero aclarar que el premio es a la Armada por haber implementado los programas 'Naveguemos Juntos' e 'Inserción laboral para Personas Discapacitadas'; desde hace unos años este premio lo entregan a una persona en años pares y a una institución los impares. Nuestros alumnos hicieron una propuesta en 2007 pero, con voto dividido, le dieron el premio al diario La Nación. Esta vez fue por unanimidad. Eso es muy gratificante porque la propuesta de ellos surge desde su propia vivencia de la discapacidad y el curso; como siempre les cuento que también, desde el 2003 hacemos inserción laboral de discapacitados, decidieron distinguir a la Armada por ambas iniciativas.

Ojalá los clubes náuticos se pongan las pilas y se larguen con algo similar; tenemos la experiencia para darles. Por suerte, hay gente en otros lados que, con distintas modalidades, lanzaron sus cursos y están tan felices como nosotros: por ahora Mar del Plata (Centro Naval, como club y con voluntarios), Santa Fe (Fundación "El Barco" con el Yacht Club Santa Fe) y en 'la gatera' Pto. Madryn, Mendoza y Paraná.

Les aseguro que 'mis' alumnos (de 18 a 69 años), también creen que ‘navegar es preciso’.

Es importante también difundir el video del programa ‘El Náutico’ del 20/05/09 en donde podrán ver a los alumnos hablando y navegando y los del programa Diana Presenta que salió en enero en el canal de Zona Norte:


http://www.dianapresenta.com.ar/prog71_intro.html

http://www.dianapresenta.com.ar/prog71_entrev01.html

http://www.dianapresenta.com.ar/prog71_entrev02.html


Marinés”


EL GUANTE ESTA ECHADO

VEREMOS AHORA QUE CLUBES LO RECOGEN!

 

 

HALLAZGO EN PUERTO MADERO

Publicado por GCBA

Misterios de un barco del siglo XVIII hundido en Buenos Aires

Visitas guiadas

El 29 de diciembre de 2008 el moderno barrio de Puerto Madero fue testigo de uno de los hallazgos más sorprendentes de nuestra Ciudad. Un antiguo barco del siglo XVIII fue encontrado ocho metros bajo tierra. Este grandioso descubrimiento sorprendió al país y a la comunidad científica.

El barco se encontró en Puerto Madero porque es un lugar donde se produjeron grandes rellenos de tierra que ganaron espacio al Río de la Plata. Hace 120 años el lugar del hallazgo era el puerto de la Ciudad. Se encontraba sobre río abierto, muy cerca de la desembocadura del Riachuelo donde se formaba un banco de arena.

Período para las visitas

Desde el sábado 30 de mayo hasta el domingo 5 de julio.

Entradas

Entrada gratuita. Pueden reservarse turnos a través de National Geographic

Lugar

Rosario Vera Peñaloza y Juana Manso, Puerto Madero.

Horarios

De lunes a viernes de 12 a 18 hs. sábados y domingos de 10 a 18 hs.

Instituciones educativas: para combinar la visita comunicarse al 4323-9413 en el horario de 11 a 18 Hs.

Idiomas

Además de español, las visitas guiadas se podrán realizar en inglés los miércoles, jueves y domingos de 15 a 17hs., en portugués de lunes a viernes de 11 a 13 hs. y sábados de 15 a 17hs.

Detalles

En total, la visita dura 20 minutos y se hacen cada 10 minutos en grupos de 20 personas.

Se hacen visitas cada 10 minutos en grupos de 20 personas (de las cuales 15 tienen turno otorgado por la página de NAT GEO y 5 se reservan para personas que se acerquen eventualmente al predio).

Las visitas se suspenden por lluvia. Si ya sacaron la entrada tendrán que volver a hacerlo. 


Por razones de seguridad se recomienda que no ingresen niños menores a 5 años a la pasarela.

Fuente: Cronista Mayor de Buenos Aires. Número 70, Buenos Aires, mayo de 2009.


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PROYECTO VITO DUMAS

Se cumplen hoy, 23 de mayo de 2009, justo 9 años del comienzo de la construcción del Vito Dumas, la nave que ya está casi lista para llevar a Enrique Celesia a seguir la solitaria ruta del Gran Vito por los cuarenta bramadores.

Nos recuerda el amigo Ernesto Betbeze este aniversario, mientras nos promete hacerle llegar el saludo de La Recalada adonde sea que se encuentre hoy navegando el Norte por sus mares.

Tal vez Quique no ha sido único en sus proezas.

Puede ser que algún otro como él haya abrazado esta pasión de navegar recién en la madurez.

Puede ser que algún otro como él haya sido pescador antes que timonel.

Debe haber habido alguno que haya cruzado el gran azul cuando navegó casi por primera vez.

Quién sabe si habrá otro que haya navegado desde Mar del Plata hasta Magallanes y vuelta, y que además haya circunvalado América del Sur, y todo eso en un 26 pies.

Tal vez no habrá sido único en sus proezas.

Pero es única su leyenda.

Porque navegó solo. Porque navegó en silencio. Porque navegó con lo puesto. Porque regresó y lo contó. Porque todos queremos ser él cuando navegamos. Porque lo queremos.

Y cómo no quererlo. Si el hombre es cálido, es callado, es sincero, es honesto, es sencillo. Si el hombre es sabio de tanto que se ha curtido. Cómo no quererlo si el hombre es un marino.

Porque lo queremos, porque quisiéramos ser él, en el corazón y en la fantasía hicimos nuestra su tarea.

Todos construimos juntos la nave nueva.

Todos colocamos cada traca y cada cuaderna.

Todos pintamos de verde las bandas y de blanco la cubierta.

Y ahora todos palpitamos esta espera hasta que se realice el sueño y se alcance la quimera.

El irá con su Vito Dumas montado en la estela de aquel gran Vito, y nos llevará a todos en su estela.


CERTAMEN DE CUENTOS PFDB

Se abre la recepción de cuentos para el Sexto Certamen de Cuentos de la Página de Pepe Fuera de Borda. Pueden participar cuentos inéditos de temática náutica. La novedad: el premio. Antes era aplauso medalla y beso. Ahora, es aplauso, medalla y pesos! Nautas ... a escribir!


Sexto Certamen de Cuentos Pepe Fuera de Borda 2009

Publicado en la página de Pepe Fuera de Borda


Nuestro certamen literario ha tenido en cada una de sus ediciones un significativo crecimiento.  Si buscáramos una explicación podríamos decir que es fruto de haber hallado una temática interesante. Sin límites a la imaginación.  Que ella ha estimulado a variadas personas de América toda y del habla hispana en Europa, Oriente y Asia a participar.

En esta Edición 2009 incorporamos la novedad de premiación en dinero para el Primer y Segundo Galardonado. Para ello hemos invitado a tres emprendimientos vinculados a la navegación que inmediatamente se han sumado. Así contamos con la Velería North Sails Sudamericana, El Crucero de la Amistad un programa que une con su flota de embarcaciones deportivas Buenos Aires y Río de Janeiro y Jotún Paints de Argentina y Uruguay.

Deseamos destacar que esta premiación en efectivo constituye sin duda un mayor estímulo para los participantes y premiados. A la vez mantiene absolutamente el espíritu del Certamen que sigue siendo promocionado, administrado y dirigido por nosotros generando básicamente un proceso de exaltación de la navegación en cualquiera de sus formas, sus escenarios, sus personajes y sus historias.


Nosotros somos los organizadores, el Jurado es quien da los méritos y quienes aceptan la invitación a participar los protagonistas. Nuestra actitud hacia todos los que participan es amigable siempre estableciendo un proceso adonde los intervinientes tienen la seguridad que todos los trabajos son leídos. 
Todo lo que el hombre se pueda proponer el hombre puede realizarlo.  Decimos que nuestro Certamen Literario es una invitación a pasar el umbral de la creatividad. A dar rienda suelta a la imaginación. Que ella nos lleve a finales sorprendentes hasta para nosotros mismos.
                            


La invitación es a cruzar ese umbral de la creatividad. A atravesar los momentos de trabajo en la escritura para del otro lado hallar la satisfacción.  


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EXPEDICION ATLANTIS: LA ZARPADA

Que El Hombre Sepa
Que El Hombre Puede!

Un día como hoy hace 25 años!!!

El 22 de mayo, pero de 1984, partía la balsa Atlantis desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias ...

SALUD A LOS NAVEGANTES!!!!



Con estas palabras, Luis GM de Navegando por el Mundo nos recordó el aniversario de la partida de esta extraordinaria expedición.

He aquí una reseña de la recopilación que hiciera laguarderia.net y que transmite en forma inmejorable el cuerpo y el alma de esa odisea.

09-05-2005

Recopilación laguarderia.net


EXPEDICION ATLANTIS

En 1984, durante 52 días de travesía, una balsa con una choza de bambú recorrió las aguas del Atlántico. A bordo, navegaba el coraje, el fervor romántico y la atracción por la aventura épica de cinco Argentinos; Todos ellos surcaron 5.5000 kilómetros de mar.

La idea de la aventura comenzó cuando Alfredo Barragán, jefe de la empresa, leyó, siendo niño, Las Aventuras de la Kon-Tiki, obra donde el noruego Thor Heyerdahl relata el viaje marino que enlazó, en 1947, El Callao, en Perú, con la Polinesia. Heyerdahl buscaba demostrar la posible comunicación en lejanas épocas entre América y las islas polinesias. Para esto, atravesó 6.000 kilómetros de océano en la Kon-Tiki (imitación de una antigua embarcación polinesia). Poco menos de cuatro décadas después, un puñado de aguerridos argentinos habría de equiparar la hazaña del noruego. En su navegación, la expedición Atlantis unió el puerto de Santa Cruz de Tenerife, en la Islas Canarias, con las costas de Venezuela. Su barco con una choza de bambú era una réplica de antiguas embarcaciones africanas. El éxito del viaje demostró la posibilidad de que los habitantes del continente negro hayan arribado hace miles de años a la América Central, donde perdura su posible influencia a través de las famosas cabezas olmecas de rasgos negroides.

¿Y quiénes eran los expedicionarios? Alfredo Barragán (35) abogado; Jorge Manuel lriberri, también abogado; Oscar Horacio Giaccaglia (39), comerciante; Félix Arrieta (41), camarógrafo de AIG, y Daniel Sánchez Magariños (31), recién recibido de ingeniero agrónomo. Ellos pensaron que era posible navegar 3.000 millas marinas (5.500 kilómetros), en una primitiva balsa hecha con 9 troncos de madera balsa y una vela, para atravesar el océano Atlántico desde las islas Canarias hasta el puerto de La Guayra, Venezuela.

Pese a no tener control sobre la dirección que pudiese tomar la balsa, la embarcación, en todo su trayecto, no se desvió más de 20 millas de la ruta trazada.

"La oceanografía nos volvió a demostrar que cualquier cosa que flote y caiga al agua en las Canarias, es arrastrada hacia las Antillas, a la entrada del Caribe. Esta deriva tarda entre cuatro o cinco meses. Con una vela, este tiempo se acorta", resumió al completar la travesía, Alfredo Barragán, el capitán de la Atlantis.

(*) Fuente: Artículo de Adrian Van der Horst y Jorge Cavalca publicado en Revista Gente el 19 de julio de 1984.


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LOS DUENDES DEL RIO


por Alita Wexler

Ese día, la cubierta amaneció llena de duendes.

Corrían por los corredores, bailaban en el copit, hacían equilibrio sobre la caña, jugaban a saltar la soga con las escotas, hacían carreras sobre los patines, se deslizaban por el traveller. En fin. Un caos!

Hasta había uno en el tope del mástil utilizando la antena de VHF como una suerte de instrumento musical de frotación! Un horror!

Los echaba de un lado y aparecían por el otro. Los amenazaba y se reían. Les imploraba y se mofaban. Cuando un chiquitín se salvó de caer al agua al quedar colgando de su gorro en la punta del botalón, se calmaron un rato. Pero al poco ya estaban haciendo sus tropelías otra vez.

Quería que se fueran antes de que llegara él.

Entonces los soborné.

Me comprometí a escorar hasta poner el palo en el agua ni bien recibiera la primera racha de la mañana, y eso les encantaba! Se trepaban todos al mástil, peleando por la cima, y era su mayor diversión columpiarse hasta mojar las calzas en el agua e inmediatamente salir disparados hacia arriba otra vez. Luego, se bajaban deslizando por el mástil como por el palo jabonoso, esquivando graciosamente las crucetas.

La racha tardó en presentarse esa mañana, así que tuvieron tiempo suficiente para enredar todas las drizas, desanudar todas las lascas, aflojar alguna que otra chaveta y otros desmanes que no alcancé a detectar.

Cuando llegó él, los duendes huían por el muelle sacudiéndose los traseros entre risas y saltos.

 

El subió abordo con el gesto hosco que lo caracterizaba. Estaba apurado por zarpar. El río estaba bajando con fuerza, podía sentirlo correr por debajo de la quilla. Si no salía enseguida, no tendría agua suficiente para atravesar las zonas bajas frente a la punta Anchorena.

Encendió el motor, amarinó y soltó amarras.

En pocos minutos dejamos atrás la bocana de la marina. El delegó el comando en el piloto automático y pusimos proa hacia el Sureste. La brisa del Norte inflaba las velas y nos llevaba con franqueza por nuestra derrota. Ya no fue necesario el motor. El río estaba desierto y el silencio era total en aquel martes 13 de un mes de otoño que no olvidaré.

El se movía con precisión. No dudaba, no tropezaba, no trastabillaba. Jamás. Sus pies parecían adheridos a la cubierta como los de un equilibrista a la cuerda floja. Conocía el lugar exacto de cada herraje y de cada cabo. Habría podido navegar con los ojos vendados.

De hecho, no era mucho lo que veía con su único ojo sano. Y parecía que tenía vista de águila cuando oteaba el horizonte con su mirada azul! Era intuición su temprana detección de boyas a lo lejos. Era experiencia. Era una vida en el agua. Pero no era vista de águila. No.

Los años de viento y el sol se le notaban en la piel. Su cuerpo enjuto y algo encorvado escondía el secreto de una fuerza que pocos hombres podían igualar. Una sonrisa casi infantil confería a su rostro un dejo de inocencia que hacía de su sagacidad y de su experiencia una agradable sorpresa.

 

Ya habíamos superado la Punta Anchorena. Rocé apenas el fondo, arando como dicen ellos, en un remolino de lodo que alentaba el paso. Finalmente alcanzamos a tiempo aguas más profundas. Pasamos el peligro de varadura y nos relajamos los dos. Con la proa siempre al sureste, avanzábamos suavemente al ritmo de la leve brisa que se había establecido definitivamente del Norte y era apenas una caricia presentida en las velas que, completamente filadas, gualdrapeaban cada tanto su impotencia.

El se hizo un mate y puso la música que disfrutamos juntos. Las guitarras eran su debilidad. Clapton. Hendrix. BB King. Tomatito. Villa Lobos. Todos.

La guitarra de Santana lloraba su espinado corazón cuando la primera línea de inestabilidad silbó en un do agudo entre los obenques y lo hizo salir de la cabina para estudiar el cielo.

Ya estaba encima nuestro casi. Un cigarro perfectamente definido avanzaba al galope tendido desde el sudoeste levantando polvareda.

Pero él no se sorprendió. Lo estaba esperando. Habíamos dejado atrás el puerto de Buenos Aires y teníamos el Este franco. Me dijo: Démosle gusto y dejemos que nos haga correr.

El calmón que anunciaba la tormenta nos había dejado sin camino, pero nos arreglamos para apuntar al Este. Tomó un solo rizo en la mayor, enrolló apenas la genoa y filó escotas para darme alas. No nos retobaríamos. Nos acomodaríamos al ritmo que impusiera el pampero, de la misma manera que bailamos al compás de las cadencias de Santana y no se nos ocurre bailar a contracompás ni quedar inmóviles en medio de la pista.

Yo me sentía segura, como siempre con él.

Donde otro capitán achica el paño hasta el mínimo posible, él quiere verme navegar con agilidad. Barrenar las olas. Tener velocidad. Estar relajada para recibir el viento sin contracciones ni tensión. Es más fácil quebrar una vara que un junco solía decir. Y me convertía en junco corriendo el temporal.

Así nos encontró la racha, violenta y feroz como latigazo en la espalda.

Pero yo corría dócil, empujada por las olas que se estaban formando, impulsada por el viento que ya venía descargando lluvia en gotas filosas como alfileres. Mis velas se acomodaban grácilmente a los embates del viento. El piloto automático llevaba el rumbo con mano dura y certera. Y yo bailaba al compás del temporal. O de Santana. No lo sé bien. Ya no sé quién imponía el compás. Hasta llegué a pensar que el pampero bailaba al son de la guitarra espinada. O tal vez Santana desde el disco había apurado el ritmo al son del ventarrón. No lo sé. Pero todo sonaba tan bien! Y yo me movía al compás.

Embelesada de placer corrí y corrí el pampero totalmente olvidada de él.

No sé cuánto tiempo pasó así. Recuerdo que en algún momento dejó de llover, las rachas se aplacaron y se estableció un viento duro pero constante, fresco pero confiable, que me llevó como de la mano hasta la costa orientala y hasta el anochecer.

 

La costa se acercaba aceleradamente. Veía cada vez con más detalle la silueta de los árboles. Una oscura escollera empezó a despegar del fondo amenazadoramente. Hacia ella me dirigía en línea recta, la proa apuntando al centro geométrico del segmento rocoso. Había adquirido velocidad y galopaba sobre el río como un potro desbocado. Santana espinaba corazones por enésima vez. Se imponía un cambio de rumbo, y también de disco por cierto, pero ... dónde estaba él? No sentía ningún movimiento en mi interior. No escuchaba nada. Ni un aliento. Ni un roce. Nada ...

Con esfuerzo traté de recordar lo último que supe de él y ubiqué su imagen apoyada contra el guardamancebo de popa vaciando el séptimo mate de la jornada ... Se me cortó la respiración, salteé varios latidos! No era posible! El, con sus pies siempre adheridos a la cubierta. El, que no trastabillaba jamás. El, que podía navegar con los ojos vendados ...

Dónde está él! quise gritar y fui muda. Dónde está?, casi lloré. Dónde ... dónde está él?

Devastada por la sospecha de lo que podía haber dejado a popa y aterrorizada por la certeza de lo que se me venía a proa, deseé por primera vez que se abriera la sentina y me tragara el agua. Deseé por primera vez que mi destino no fuera de despojos sino de descansar entera en el fondo blando. Deseé por primera vez haber sido pez.

De pronto, un levísimo movimiento respondió a mi letanía. Sentí alivio al saber que estaba vivo pero presentí al mismo tiempo que nada bueno podía pasar porque estaba echado sobre su espalda en el piso de la cabina, inmóvil y casi sin respirar. Supe, simplemente supe de esa manera en que sólo yo sé, que algo no estaba bien con su corazón. Y entonces el mío se partió en dos.

 

La escollera estaba desconsoladamente cerca y podía divisar ya nuestro inevitable destino cuando, de improviso, sentí un golpe y quedé sin dirección. Cuatro tornillos y cuatro tuercas rodaron en fila india por el copit y se escabulleron al agua por el imbornal de estribor. El piloto automático quedó colgando grotescamente, inútil para toda función. La caña, librada a su albedrío, se bandeó con violencia. Me fui bruscamente a la orza hasta ponerme al viento y ahí quedé, a la deriva, abatiendo suavemente y balanceada por las olas, con la proa apuntando a algún punto entre el oeste y el sur.

Cuando nos encontró Prefectura, las velas gualdrapeaban, Santana seguía sonando en un sinfín de corazones espinados, y él yacía sobre su espalda respirando con dificultad. Cerca ... pero todavía lejos, oscilando entre la aleta y el través, la escollera desperazaba las primeras horas de esa mañana oriental.

 

Hoy ha venido a visitarme por primera vez desde entonces. Se lo ve muy bien. Casi se puede decir que es el mismo de antes. El de siempre. El.

Acaricia con la mano la caña en el lugar de los tornillos ausentes y pone cara de incredulidad. Cómo pudo suceder? Eran tornillos pasantes. Tenían que asegurar la placa metálica contra la cara inferior de la caña. Era la pieza que permitía encastrar el piloto automático a la caña. El había cuidado especialmente la seguridad de la pieza. La había controlado periódicamente. Como hacía con todo. Lo podía recordar. Cómo fue posible entonces que zafaran los tornillos? Los cuatro? Dónde fueron a parar? Cómo se pudieron salir? No lo sabe él. Su orgullo le impide aflojar la culpa de lo que considera una grave negligencia de su parte, generándole una corriente de sentimientos contradictorios entre los que prevalece el agradecimiento a la vida por darnos esa oportunidad.

Claro que fue providencial! Nos salvó la vida! me dice mientras sigue frunciendo el ceño en señal de incomprensión.

Su convicción atea le impide alzar la vista para encontrar una respuesta milagrosa y la casi imposibilidad física del suceso lo llena de perplejidad.

Navegará muchos años más, y seguirá siempre contando la historia de los tornillos desaparecidos que nos salvaron la vida la vez que sufrió un ataque al corazón.

El río convertirá en leyenda nuestra salvación. Se hablará de milagro. Se hablará de fantasmas. Se hablará hasta de amnesia, de seres extraterrestres, de ángeles y vaya a saber de qué cosas más.

Yo sólo sé que en la mañana de aquel inolvidable martes 13 otoñal ... la cubierta estuvo llena de duendes haciendo desmanes que no alcancé a detectar.