
AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL LOBIZON
Creer que se puede ... dice la canción.
Por Roberto Jorge Cella
CRONICA-FOLLETIN POR ENTREGAS
Primera Entrega
LA DECISIÓN DEL CRUCE
Es bueno a veces ponerse a pensar cómo se fueron generando las cosas. Aclaro: generalmente, yo actúo y después pienso ...
Creo que luego de San Clemente, Mar del Plata y los puertos uruguayos, el gustito al agua salada ya se nos había instalado. La casualidad se junta con la causalidad, un anuncio nos dice que un grupo de navegantes había decidido navegar hacia el Sur.
Estoy hablando de la primer Regata Patagónica.
Nos copó la idea y en poco tiempo estábamos preparando la nave.
Cuando acudí a la reunión de presentación, casi me vuelvo. Los presentes tenían unos pergaminos y millas navegadas como para hacer dulce ... dicen en el campo, y yo pensé: qué hago acá. Del ostracismo me sacó la serena voz de Carlos Saguier Fonrouge, alma mater del proyecto. Sus palabras fueron pocas y precisas: me alegra que te hayas inscripto, esperamos contar con vos en la largada. Bueno, pero el tema de la patagónica espero poder contarlo en otro momento y con el respeto que se merece. Hubo una gesta náutica muy importante
Volviendo al tema del cruce y su generación, un artículo de la revista Barcos llamado “Los Enanos del Atlántico” nos mostraba la primer Minitransat. Creo que en ese momento comenzó la idea de tratar de participar. Tomábamos el desafío. Recuerdo que con Marcelo Gabuti, que venia de doblar el Cabo de Hornos a vela pura y en dobles, fuimos a ver a Roberto Rovere, quien nos atendió con su proverbial deferencia, escuchó nuestro pedido y trató de orientarnos. Comenzamos algunas gestiones económicas, pero luego vino el cambio de reglamento: de ahora en más sería en solitario ... y eso a mí me quedaba grande ... pero quedó la inquietud de reunirnos en Canarias cuando finalizaba la primer etapa, para ver los barcos que, por supuesto, había que diseñar y construir, hablar con los patrones y tratar de tomar alguna experiencia. Estábamos a un océano de por medio y las comunicaciones eran muy pocas, y ahí surge la idea de llevar el barquito embarcado a Canarias y luego de recoger la información, regresar navegando por parte de la ruta de la 2da etapa de la Mini.
Acá entramos en un tema de guita y burocracia, pero que no dejan de estar ligados a todo tipo de proyecto, y no me gustaría pasar por alto.
Tratamos de lograr algún tipo de apoyo de la Secretaría de Deportes vía Federación ... pero no entrábamos en los modelos. Para la Federación sólo existe la competición. Los navegantes deportivos por el solo hecho de hacerlo no cuentan. Pero en esta gestión, encontramos a 2 amigos que allí trabajaban. Conocedores de la burocracia y sus procederes, nos ayudaron a gestionar en ELMA el traslado. Si recuerdan era una empresa ARGENTINA.
Allí nos informaron que la ruta a Canarias hacía años que no se realizaba, por lo tanto nos podían llevar a Europa y desembarcarnos en Livorno, Italia ... de más está decir que las ganas de viajar nos hizo decir sí a todo.
Cuando ya me encontraba en la tarea de preparar todo, recuerdo que la primera tarea fue limpiar y dejar en condiciones el anafe a gas. Por lo menos trataríamos de no pasar hambre.
En esos días nos comunican de la naviera que el viaje se modificaba y que la primera recalada sería Valencia. Por supuesto que aceptamos! Y embarcaríamos en el Pte. Castillo.
Bueno, me tengo que ir a laburar así que si todavía no se aburrieron el lunes trataré de seguir con el relato.
Si a algún estoico lector de Recalada se le ocurre alguna pregunta, que la haga.
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