
AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL LOBIZON
Creer que se puede ... dice la canción
Por Roberto Jorge Cella
Publicado en el Foro de La Recalada
CRONICA-FOLLETIN POR ENTREGAS
Décima Entrega
TANGER
Después del silencio que me impuso Fibertel, continúo.
El lunes se presentó espectacular. Mar calmo, visibilidad excelente y un vientito favorable que nos permitía una buena velocidad. En el Estrecho existe en las cartas un corredor marcado que se va estrechando al llegar al mismo, la ruta llega a tener unas 2 millas por mano y esta divida por una franja de casi 1 milla en su parte más angosta. Por lo tanto, fuera de ese esquema sólo pueden navegar los pesqueros y barcos inshore.
A nosotros nos acompaño la suerte. Creo que no cruzamos mas de cuatro, sí, cuatro buques ... recuerdan lo de 48 ... bueno, ese día no. Por supuesto que le dimos mucho respeto y no tuvimos ningún inconveniente. Luego de aproximadamente 10 millas navegadas en forma perpendicular al canal, estábamos en Punta Cires, es decir aguas marroquíes. Continuamos navegando cerca de la costa, nos cruzamos con varios pesqueros que hacían una actividad artesanal con embarcaciones más rudimentarias y con ropas de oriente.
Por la tarde y ya cerca de Tanger, mientras echaba un sueñito, lo escucho a Fabián que me llama a los gritos, salgo rápido y ... me encuentro con dos bultos no muy grandes. Eran las ballenas del Mediterráneo, una especie que es propia de ahí y tiene sus características especiales, de tamaño reducido, similares a las Orcas que vimos frente a la costa del sur en la regata Patagónica. Noté que se movían más lentamente y sobresalían poco del agua. Como en los casos en que alguien ve un Ovni, o el monstruo del Lago Ness, corrí a buscar mi cámara. El resultado, decepcionante. Sólo se veían dos bultos difíciles de identificar, así que si hubiera fotografiado cualquier cosa y la quisiera pasar por ballenas era válido.
Por el fin de la tarde y todavía con buena luz, el Lobizón hacía su entrada en el Puerto de Tanger.
Este es pequeño con un espigón de no más de 300 mts. esencialmente pesquero, había algunos veleros, inclusive un brasilero y algún cata francés de muy bonitas líneas que el diseñador estaba testeando. El resto de la flota la componían pequeños y modestos pesqueros.
Nos habían recomendado acercarnos a AMED, el encargado de la parte portuaria. Allá nos dirigimos, y desde ese momento, nos hizo la entrada que no fue muy complicada y nos guío en la primer visita en tierra firme.
Dónde va un recién llegado en un puerto desconocido? Sí, acertaron, al SHOPPING ... Bueno, acá por suerte no existían en esa época. En su reemplazo fuimos al Zoco, especie de cambalache con feria de la salada, pero mucho más reducida, donde se podía comprar desde alfombras tejidas a mano hasta el último souvenir. Algo compramos ... nos dijeron que eran de inoxidable ... en cuanto tocaron el agua de mar comenzaron a largar óxido y creo que los tiramos. Una cosa sabíamos: que había que regatear los precios pero en forme feroz. Si pedían 100 se ofrecía 20 y luego se transaba en 25 por ejemplo. Un detalle: a pesar de entendernos en español, los precios los daban escribiendo con un boligrafo en la mano. Por supuesto que la ayuda de AMED nos sirvió de mucho. Lo invitamos a almorzar, cuando quisimos darle una propina, se puso la mano en el corazón y nos dijo: SI SON MIS AMIGOS NO PUEDO ACEPTAR DINERO.
Otro episodio interesante fue cuando entramos al puerto. Luego de comprar algo de comida y algunas chucherías, nos detuvieron y comenzaron a pedirnos un montón de datos como por ejemplo, nombre del padre y la madre. Esto agravado por la lentitud del guardia pero escrito en un cuaderno tipo escolar, donde a simple vista no había ningún sello ni numero que le diera carácter de oficial. Luego de una media hora nos dejaron ir diciendo que habíamos entrado en el puerto de Contramano, cosa que era cierto ... pero veníamos de A PIE. La burocracia quedaba tranquila.
Al caer la tarde me estremeció un alarido en aumento, algo como una moto 1000 tirando los cambios a fondo, cosa que era imposible por las características de las calles. No. Provenía de una mezquita, hay una cada 4 cuadras aproximadamente, que comenzaba con un interminable rezo, algo que sonaba a un lamento amplificado por una batería de inmensos parlantes al exterior. Cuando una terminaba, enseguida comenzaba la de al lado. Así que para el que no es creyente mejor que no le duela la cabeza en los crepúsculos.
Yo soy bastante hereje en estas cosas de las religiones y sus centros de atención sean del color que sean. Pero estas, la verdad que se las traían. Por ejemplo, durante el día si en un comercio había dos personas, una atendía y la otra oraba con la frente pegada al piso. Al comentarle a un comerciante cómo era la cosa, nos dijo que sólo se interrumpía la oración si la demanda de clientes lo requería ... una cosa es la devoción y otra el comercio.
Por ejemplo, las mujeres usaban unas largas faldas hasta el suelo y nada dejaba insinuar una bonita silueta, que la debían tener, se tapaban la cara debajo de la nariz y en caso de querer fotografiarlas lo hacían con la mano. Eso sí, cuando pasaba alguna europea, que tampoco usaba minifalda, los tíos la gastaban con la mirada. Creo que si pudieran la embarazaban de solo mirarla, pero esto pasaba muy de vez en cuando.
Con una parada de unos 3 días nos despedimos de Tanger, que nos trató bien .. nos metíó en el continente africano y su cultura y tradición. Claro, a mí particularmente, ver templos tan ricos y gente tan pero tan pobre, algo es decirlo y otra verlos, no me deja disfrutar del entorno. Nunca me gustaron estas desigualdades y como siempre apoyadas por las religiones acá y en cualquier parte del planeta.
Con un lindo vientito, reaprovisionados y con la derrota estudiada, nos largamos en la mañana con rumbo a Las Palmas de la Gran Canaria. El rumbo era ese, pero la decisión cambió unas 100 millas más adelante y en pleno Atlántico Norte. El ALISIO del NE ya nos estaba llevando para nuestros muy lejanos pagos. El encuentro con un velero francés, a cuyo dueño habíamos conocido en Gibraltar, nos hizo poner proa a Casablanca. La fantasía de la famosa película también influyo. El tiempo hasta ahora nos había tratado bastante bien, no mucho frío a pesar de estar en el fin del otoño. El hecho de subir hacia el Sur nos acercaba un poco al ecuador y por eso aumentaba la temperatura, acá ya era por demás agradable, la ola nunca fue muy grande, soportamos algunas lluvias en el Mediterráneo, pero sin problemas. Tampoco habíamos experimentado roturas e inconvenientes con la navegación. Si siempre fuera así podíamos dar la vuelta al mundo. Pero ... la sorpresa nos esperaba después de CASABLANCA.
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