DONDE ESTA?

LA MARSOPA DE EINSTEIN


Por Ricardo Cufré

Todos conocemos a  Albert Einstein, pero no todos sabemos de su oposición a la fabricación de la primera bomba atómica –de hecho no perteneció al Proyecto Manhattan-  la que quedó plasmada en una célebre carta al entonces presidente de los E.U.A. y en la que se vislumbra ya el debate de la responsabilidad del científico sobre sus creaciones.

Pocos quizá sepan que tocaba el violín, aunque con pésimo sentido del ritmo. (“…pero profesor Einstein, por dios…  ¿no sabe Ud. sumar dos más dos?!”  Le dijo algo enojado su profesor de música en cierta oportunidad en que parece ser que el Beto  olvidó que el solfeo no es relativo).

Pero me animo a decir que nadie, o casi, sabía que navegaba a vela y que tuvo un pequeño barco.


En la edición Nº 59 / 1929 de la revista alemana “El Yate” (Die Yacht), el velero fue descrito en detalle y la presente traducción de ese artículo que ofrecemos en el blog se realiza con la amable autorización del director del  departamento editorial de la misma revista, Sr. Lars Bolle, recientemente otorgada a La Recalada.  

He aquí lo poco que se conoce del simpático “Tümmler”  (Marsopa).

 

La Marsopa de Einstein

 

“… y el velero que me han donado las altas finanzas! Te dará convulsiones de placer cuando –espero- me visites el año que viene”.

Albert Einstein a su hermana  Maia, 1929.


Ciudad de Caputh, seis kilómetros al S de Postdam. Agosto de 1929. Desde su domicilio, Elsa Einstein prima del científico,  escribió una carta a Maia,  la hermana de éste: “Nuestro barco es magnífico, Albert tiene su propio embarcadero en el jardín y goza de esta felicidad a vela muy intensamente.  El velero es un regalo de unos amigos muy ricos  (15.000 Marcos!). Te escribo este comentario para que te hagas una idea de qué orgulloso velero está navegando tu hermano”.   

El yate  de Einstein, al que muy cariñosamente él llamaba “mi ancho velero”,  le fue regalado por sus amigos cuando cumplió 50 años, el 14 de marzo de 1929.

 

Foto 1. Instantes antes de la botadura. Obsérvense los rieles, el precario muelle,  la altura de la anguilera, la falta de arboladura  y jarcia.

 

  

Foto 2. Einstein a bordo del Tümmler (marsopa), con jarcia y palo instalados. Nótese la manobra al pie  del mismo, en una especie de “mesa de guarnición” hecha con un caño que parte de cada quijada de la horquilla que lo sostiene.  El Tümmler está amarrado “a la inglesa”  en el mismo muelle de la foto anterior.


De los tres propietarios de la Berliner Handelsgesellschaft  (Compañía Berlinesa de Comercio) fue el ingeniero naval Adolf Haras quien recibió la honorable orden de diseñar un velero, como regalo para el famoso científico en su 50º cumpleaños.

Todos convinieron en que tal velero debía tener un motor auxiliar y un área vélica que pudiese ser mantenida en su mínima expresión. Además, se requirió que la maniobra fuese sencilla y nada cansadora.  En base a estos requisitos se desarrolló el siguiente bosquejo:

  

Foto 3. Detalle de la orza, su caja y la ubicación  del w.c. (Través de estribor, esquema inferior derecho)

 

El barco fue construido en los astilleros Berkholz & Gärsch, bajo supervisión del diseñador. Al llegar el verano, le fue entregado a Einstein quien estuvo completamente satisfecho con él.

El motor debía estar equipado con arranque eléctrico y un generador. Si fuese posible, no debería verse desde ningún lugar del interior del velero. El diseñador sugirió hacer el piso del cockpit lo suficientemente alto como para albergar bajo él un motor, un poco más grande [de lo pensado para el interior del barco, NdT], por lo que al mismo tiempo la altura de la cabina podía mantenerse relativamente baja.

Foto 4. Sup. Vélica 20 m2; eslora 7,00 m.,  manga 2,35 m.,  calado sin orza  0,33 m., con orza  1,25 m. Bosquejo del lay out. Obsérvese la maniobra de la orza.

 

A diferencia del equipamiento pensado originalmente, el velero fue dotado de un baño cuya instalación era visible desde la cubierta.  La pequeña mesita buffet que originalmente se pensó quedaba fuera y fue reemplazada [en el interior, NdT] por un pequeño estante para vasos y otro para   tres pipas.


Un comentario adicional debe ser hecho en relación al equipo que mayormente se distingue en el bosquejo: los dos pañoles bajo la cubierta lateral de babor y estribor se ampliaron para que puedan sentarse 4 personas y dar cabida a tazas, platos etc. Toda la vajilla y cubertería necesaria, ollas, cepillos, ropa de cuero, etc. fueron provistos en los armarios de tal forma que el velero estuviese listo a ser utilizado al momento de la entrega.


Bajo la cubierta de popa había un pañol que podía ser cerrado en el que almacenaban defensas, combustible de reserva, balde, etc.

Sobre la banda de babor, en la cabina, se construyó un aparador en el cual había una estufa a alcohol con un bol de cinc, instalada de tal manera que cuando se retiraba  la tapa superior del aparador, aparecía lista para ser utilizada. Cuando no se usa, quedaba completamente oculta.


El motor, un dos cilindros de 2 tiempos de aproximadamente 6 hp,  fue instalado  de tal suerte que en absoluto se sintiera su calor. Esto se logró aislándolo por todos sus lados.  Las paredes de los mamparos fueron forradas con amianto y planchas de metal, para separar completamente el motor del tanque de combustible. Dicho tanque estaba instalado sobre babor, próximo al motor. El generador y el arranque eléctrico estaban instalados en el compartimiento del motor.

Al motor se accede muy fácil simplemente retirando las planchas [del piso del cockpit] que estaban aisladas por debajo. La palanca para la hélice reversible –que puede embanderarse- es de quita y pon, por lo que puede ser retirada  y quedar oculta totalmente durante la navegación a vela. Las tapas  del motor están realizadas de tal manera que no permiten el paso del agua al interior de la “sala de máquinas”.  El motor demostró su calidad funcionando perfectamente.


La cabina tiene dos confortables cuchetas con cobertores azules que combinan muy bien con la caoba de la decoración interior. El techo de la carroza está construido en doble forro de madera con una capa de tela impermeable. El forro inferior es de madera de arce, el cual hace un buen efecto estético combinado con el color de la caoba. 

Sobre babor hay un espacioso armario. Próximo a él, hay otro más pequeño que se usa para guardar las luces de posición eléctricas, que son de quita y pon.


El velero demostró ser muy marinero con vientos de hasta 10m/seg. [20 kts.] con todas las velas establecidas. También es muy calmero.

Fue un deseo especial del profesor Einstein que el velero fuera aparejado Bermuda.  El palo era rebatible y algo inclinado a popa. En su extremo inferior tenía un contrapeso de plomo que balanceaba a la parte superior, facilitando así la maniobra para establecerlo. La botavara, obviamente se situaba debajo del eje en donde el mástil pivoteaba.

 

 

Foto 5.Relación de aspecto y guindado del Tümmler. Mayor  16,05 m2,  foque  3,95 m2 y una ”vela al tercio” de  8,25 m.

 

Rudolf Kayser, el marido de Ilse, la hija adoptiva de Einstein, en 1930 escribió  bajo el seudónimo de Anton Reiser una biografía del científico. En ella dice: “con sus manos en el timón, Einstein explica alegre sus ideas a sus amigos presentes. Navega su barco con la habilidad y arrojo de un chico. El mismo iza las velas, recorre su barco para cazar los cabos y establecer el velamen. La alegría que acompaña a su hobby puede verse en su cara, en el eco de su voz y su alegre sonrisa”.

Pero la alegría con su velero no iba a durar mucho.

Posteriormente al ascenso de los nazis al poder, en enero de 1933 y mientras Einstein estaba en USA, le fueron confiscados absolutamente todos sus bienes, a favor del estado Prusiano, incluso su amado “ancho velero”. Para ser más precisos, su barco fue confiscado dos veces, primero por el estado Prusiano y luego por la Gestapo.


Hasta último momento, Einstein trató de salvar su barco de la Gestapo. Le pidió a Hermann  Schumann que le llevara el barco hacia Holanda donde podría estar a salvo dado que el amarradero de Einstein estaba en el astillero de Hermann Schumann en la Potsdamer Strasse. Como esa acción era demasiado riesgosa, Schumann no accedió al deseo del físico.

La incautación de la embarcación por parte de la policía fue ejecutada el 12 de  junio de 1933. El anuncio publicado el mismo día en el Vossiche Zeitung el mismo día dice:

 

Se ha confiscado el rápido bote a motor de Einstein.

El rápido bote a motor del profesor  Einstein que estaba amarrado en un astillero en Caputh, cerca de Postdam, fue confiscado e incautado para el Reich. Se dice que Einstein ha planeado contrabandear el barco hacia un país extranjero. El barco está valuado en 25.000 RM (Marcos.del Reich).


Es llamativo que el velero haya sido transformado en lancha y su precio sea superior  al de uno nuevo, cuatro años después.

Aunque Einstein no creía en su éxito, por precaución dio un poder a su yerno Rudolf Kayser para actuar en su representación, para evitar una posible confiscación de sus bienes, pero fue inútil.

En enero de 1934 se ordenó que el barco fuera vendido si la policía no hallaba algún uso. Se debía prevenir en la venta que “una vez el barco había sido comprado por enemigos públicos”.

En el Potsdamer Tageszeitung  el barco de Einstein fue anunciado para la venta el 28 de febrero de 1934:

 

“Velero con arranque eléctrico, equipo adicional, inmediatamente, mayormente construido en caoba, en buenas condiciones, 20m2 de velas, amarra en Caputh, Postdamer Strasse 27. Ofertar al gobierno local de Caputh hasta el 8 de marzo”. 


El barco “valuado” en  RM 25.000 ahora se vendía al mejor postor. La primera oferta de RM 1200 llegó a principios de marzo, de parte del dentista  Dr. Wilhelm Fiebig de Nowaves, cerca de Postdam. En contraste con las dos ofertas siguientes –un hombre de Postdam ofreció RM 600 y un doctor de Berlin  estaba listo a pagar RM 1000 -  la oferta del Dr. Fiebig no estaba firmada con el consabido “Heil Hitler”.

Luego de vencido el lapso establecido en el anuncio, el club deportivo del Reichbahn (Ferrocarriles del Reich) quiso adquirir el velero. Debería servir para entrenar a la joven generación. El club ofreció RM 1300. El Dr. Fiebig luchó por su oferta subiéndola a  RM 1300. En mayo de 1934, el amado “ancho velero” de Einstein fue vendido al Dr. Fiebig por  ese precio.


En 1945 Einstein, en una carta desde la lejana USA,  preguntó al Ayuntamiento de Caputh sobre el destino de sus bienes, entre ellos el de su querido velero. El Ayuntamiento investigó oficialmente, pero sin resultado alguno. El rastro del barco pudo ser seguido sólo hasta fines de los 30’s. Lo que sucedió después, hasta hoy es un misterio.

Esta es la breve historia del “Tümmler”, el velero de Albert Einstein.

 

Comentarios del traductor:

En mi opinión, el artículo original de 1929 es bastante escueto en cuanto a la cantidad de información que nos brinda sobre el barco.

Entre otras cosas, no habla del desplazamiento ni de que tenía orza, lo que se deduce de las fotos (“altura de la anguilera”) y esquemas.

Sí menciona algo que me confunde: que la tercera vela es una “vela al tercio”. (lug sail, en el original inglés). Lo  curioso es que una vela al tercio es trapezoidal y se enverga en una entena que se iza, cuya driza  va hecha firme en el tercio proel de la longitud de la entena y que a su vez dicha entena sobrepasa al mayor y se proyecta hacia proa, lo que obliga a cambiarla de amura con cada virada, complicando bastante la maniobra. (A veces el tamaño o la maniobra del barco no permite el cambio de amura de la entena y se navega con “malas”, pues la mayor está absolutamente deformada, apoyada sobre el mástil).

Obviamente un aparejo Bermuda no está preparado para esa maniobra pues, entre otras razones, sus crucetas impiden el correcto izado de la entena. Por otro lado, ¿para qué querría un navegante portar al tercio, aparejo poco eficiente y superado por el cangrejo y mucho más por el bermuda??????


Teniendo en cuenta que la presente versión en español la he realizado a partir de la versión inglesa traducida de la alemana original, quizá  haya un error de nomenclatura náutica y sea otro tipo de vela, quizá una especie de mayor de capa, por ejemplo, que es lo que aparentemente se distingue en la foto 5, aunque aún así me parece grande dado que tiene el 50% del área de la vela mayor.


Aunque tampoco lo menciona el artículo,  en algunos lugares de Europa es bastante común que veleros chicos tengan palo rebatible. La idea es poder navegar por los infinitos y hermosos canales y pasar bajo sus puentes sin problemas. Dado que un palo rebatible no se construye  por casualidad, error o costumbre, sino con una definida intencionalidad práctica, es dable suponer entonces que Einstein albergara alguna  esperanza en realizar ese tipo de navegaciones, amén de las clásicas que hacía en  el lago contiguo a Caputh.

 

 

Notas del traductor:

Las ilustraciones también son cortesía de “Die Yacht”.

Lecturas recomendadas a quienes les interese cómo era el hombre y el científico:

-“Einstein, hacedor de universos”, Leopold Infeld, físico, escritor y gran amigo de A.E.

-“Cómo veo el mundo”, A. Einstein  nos habla de sus concepciones filosóficas, políticas y su cosmovisión.

-Zambullirse en:  http://www.pfdb.com.ar/pfdb/vinetaEinstein.asp Es la web de PP fuera de Borda.  El Sr. Marcelo González hizo un peculiar resumen biográfico sobre Einstein navegante. Aporta fotos que en el presente no están. Aunque en relación al Tümmler creo que lo que afirma no es riguroso, el resto de la información  pinta un mucho más acabado cuadro del genio navegante que en la presente traducción, dado que el artículo de 1929 no trataba del navegante sino de su barco y además es muy anterior a toda la vida de navegante del profesor

 

Regalo del traductor:

Por último, una foto de regalo y una pregunta:

¿Es o no el “Tümmler”? ¿Por qué?

 

 

 

Ficha técnica:

Traducción, comentarios,  sugerencias: de Ricardo Cufré.

Reconocimientos varios, felicitaciones y palmadas: para Ricardo Cufré.

Quejas, abucheos y  juicios o retos a duelo: para Redacción de La Recalada.

Las opiniones vertidas no necesariamente reflejan la de la editorial –carece de opinión-  y sólo son responsabilidad de  los autores.

Queda absolutamente permitido copiar por cualquier medio mecánico, electrónico, digital, óptico, químico, vegetal (papel de calcar); gastronómico (papel manteca), fotográfico, todo o parte del contenido del presente artículo.

No está hecho el depósito que marca la Ley 11.723.

Habiendo ascensor, el propiootario no se responsabiliza por los accidentes que pudiere ocasionar el uso de la escalera.

 

NAVEGAR ES PRECISO



Navegantes antiguos tenían una frase gloriosa:

"Navegar es preciso; vivir no es preciso." 

Quiero para mí el espíritu de esta frase,

transformada la forma para casarla con lo que yo soy;

Vivir no es necesario; lo que es necesario es crear.

Fernando Pessoa




Navegar es entonces crear.

No navega el hombre porque evoluciona en la nave por el mar.

Siendo así, navegar es sólo vivir: no es preciso.

Crear el vínculo único e irrepetible entre hombre, nave y mar. 

Eso es navegar!


Elegir tu barco, conocerlo íntimamente, adaptarlo, mantenerlo, cuidarlo.

Decidir las maniobras, optimizarlas, gobernar.

Conocer la derrota, dominar el área,  dirigir la nave.

Eso es navegar!


LA NAVE

Es preciso que conozcas tu barco desde el extremo inferior del quillote hasta el tope del mástil, desde el caperol hasta el espejo de popa, desde la banda de babor a la de estribor, por dentro y por fuera, en sus partes visibles y en las ocultas, en sus elementos fijos y en los de labor, en sus virtudes y en sus defectos.


EL HOMBRE

Es preciso que conozcas las acciones que tienes que ejercer sobre cada elemento del barco en cada condición y en cada situación para zarpar, navegar y recalar felizmente en destino. Es preciso que conozcas tus reacciones y las de tu tripulación arriba del barco.

 

EL MAR

Es preciso que conozcas el mar: toda el área que puede abarcar tu navegación, desde la zona de zarpada hasta la zona de recalada, de este a oeste, de norte a sur, a ras del agua, por encima de ella hasta una altura que supere tu mástil y por debajo de ella a una profundidad que supere tu quilla, la costa y los puertos. Que consideres las modificaciones que podrá sufrir ese área de acuerdo al viento, a las olas, a las mareas, a la acción del hombre y de la naturaleza circundante.


ES PRECISO NAVEGAR!

 

SIMON

por Alita Wexler

(Publicado en la página de Pepe Fuera de Borda)


Hoy es el cumpleaños de Simón.

Simón fue mi novio, mi amigo, mi amante. Mi compañero, mi compinche, mi protector

Simón fue mi independencia y mi libertad. Mi pelo al viento. Mi cara al sol. Mi alegría, mi diversión, mi intensidad, mi placer.

Simón ....

 

Simón fue mi primer barco.

Yo fui su primera propietaria. Su primer skipper. Aprendimos juntos a navegar. Aprendimos juntos a conocer el río.  Todo fue nuevo para los dos.

Simón ...

 

Simón era un barco con personalidad.  Todos lo distinguían. Todos lo conocían. Todos se paraban para verlo pasar.

-Agua! Agua! que ahí viene Simón!, gritaban los muchachos  cuando veían la afilada proa haciendo bigotes a toda velocidad.

Se cuadraban los marineros en los muelles.

Los pescadores recogían sus líneas.

Se peleaban los chicos del club por atajar los cabos para amarrar.

Hasta los patos se amontonaban a su alrededor para custodiarle el sueño.

El enorme paño blanco de su mayor cortaba el cielo azul partiéndolo en dos, y era la gloria argentina bordeando el canal.

Temblaban las boyas por la estela portentosa que dejaba atrás.

Simón ...

 

Y ahí anduvimos Simón y yo, navegando el río sólo por navegar. No importaba hacia dónde íbamos. Que lo nuestro no era llegar.

Transcurrir el agua, acompañar la brisa, despertar murmullos en las olas, alborotar la espuma. Lo nuestrro fue navegar.

Simón ...

 

El día que me desprendí de él, una parte de mí se me fue también. Mi adolescencia. Cierta desfachatez. No sé. Mi ilusión ...

Han pasado muchos años y muchos barcos.

Cada tanto lo veo pasar. Lo han pintado de blanco y el nombre no se le ve. Pero yo sé que es él. Lo reconocería de cualquier modo y en cualquier lugar. Porque lleva mis recuerdos como gallardetes en cada obenque y en cada stay. Porque esa parte de mí que me falta ha quedado en él, navegando con despreocupación.  Porque a veces me parece ver una muchacha al timón con el pelo al viento y la cara al sol....

Simón ... Simón ...

Y porque hoy se cumplen 25 años del día que lo boté, hoy lo quiero homenajear.

Salud, Simón, mi H20 azul!

 

EL DELFIN



por Alita Wexler

(Publicado en Timoneles y 

en la página de Pepe Fuera de Borda)




Dicen que lo vieron por Fortaleza.

Dicen que está preso en Hout Bay.

Dicen que volvió al Río pero que ya no se deja ver.

Que murió de una cuchillada en una pelea de bar. Y de un infarto en la cama de una ramera de Gibraltar.

Yo sé que mi vida no es la misma desde que se fue.

Mi vida no fue la misma desde que lo conocí. Desde aquel día en lo de José, en esa desmesurada fiesta en la que no faltaba nadie, ni siquiera él.

José me lo presentó y en el acto lo olvidé para seguir dando vueltas por el salón en busca de otros puertos más interesantes en que recalar.

Jamás me habría fijado en alguien como él. El pelo negro ensortijado y largo recogido detrás de las orejas dejando ver un único aro de oro del tamaño de una moneda. Negra la barba recortada. Negros los ojos. Sombría la mirada. Negro el corazón. Tenso en el bíceps el tatuaje de un ala negra de águila real.

Jamás me habría fijado siquiera, pero él me eligió. Me observó, me estudió, me siguió, me persiguió, me cercó como un águila real a su presa indefensa. 

Jamás me habría fijado y sin embargo …

 

Navegamos proa al norte con la genoa y toda la mayor, con las escotitas abiertas para recibir desde el sudeste una brisa leve pero bastante para desplazarnos con ese ronroneo sibilante que sólo un velero en agua salada puede dar. La onda amplia nos va empujando con suavidad.

La luna llena refleja en la camisa blanca, muy blanca contra la piel oscura. Morenos los dedos gruesos aferran la rueda del timón. Tensa como siempre en el bíceps el ala negra. Cada tanto una ola nos alcanza y rompe delicadamente en el cockpit salpicando los morenos pies. Va descalzo. Yo también. Vamos descalzos los dos, mis pies pálidos y pequeños casi helados junto a los de él, un escalofrío me invade con cada oleada de espuma que embarca por la popa del 36 pies. Es fresca la noche estival.

Hace muchas horas que zarpamos de nuestra última escala, el puerto de Mar del Plata. Atrás quedaron las escolleras, la playa Grande, la Perla, el Torreón. Ya atravesamos la Canaleta, el ruido de las rompientes también quedó atrás.

Adelante, nos espera el Río con su ola corta y desconforme, su costa siempre a la vista, las luces, el calor.

Estamos atravesando la bahía de Samborombón. A nuestro alrededor, sólo agua, luna y un tardío delfín que dibuja su lomo en verde limón al rozar las noctilucas para acercarse a curiosear. Nos viene siguiendo desde Quequén. Será el mismo? Parece que no se quiere ir. Nos cruza la proa, se nos pone a la par a estribor. Asoma la nariz por popa y se zambulle hacia babor. La línea fluorescente verde limón de su lomo va y viene dibujando rombos incesantes a nuestro alrededor.

Adelante, cada vez más cerca, nos esperan otra vez rumores, malicias, envidias, codicias.

No codiciarás la mujer de tu prójimo, le dice la Biblia a él. Y ella? Está bien que codicie el hombre de su próxima? Acaso está bien?

Adelante, cada vez más cerca, nos espera el Río. Y en algún muelle de San Fernando…

La proa corta el agua en dos bigotes fosforescentes. De la cabina llega la voz de Aute cantando que me quiere con alevosía.

 

Con alevosía lo quise yo.

Poco me importó lo que el Río decía de él. De nosotros. De mí.

Cómo le podía explicar al Río que éramos dos mundos en fusión incandescente.

Que yo nunca había navegado y ahora vivía en el barco con él, de puerto en puerto, de río en mar.

Que una noche, le puse un par de zapatos y lo llevé al Colón. Que era Norma, de Bellini. Que en la Casta Diva, lloró.

Que compartíamos a Sabina, a Chopin y a Falú. Que le bailaba flamenco zapateando sobre la cubierta de acero mientras él hacía palmas riéndose a carcajadas de puro placer. Que me contaba historias de ultramar, de calamares gigantes, luces de San Telmo, ballenas blancas y el leviatán. Que yo le recitaba a Whitman, a Vallejo, a Darío y a Patxi Andion y él me enseñaba a disfrutar la gloria de Maradó. Que comimos corvina recién pescada desde Necochea hasta Angra dos Reis. Que tomábamos cerveza helada en aguas cálidas y sopa y vino en las aguas del sur.

Y nos amábamos como conejos en la conejera de popa y como gaviotas en la cubierta, al sol.

Y que en los puertos lo odiaba cuando volvía con olor a otra y lloraba cuando marchaba dejándome sola con mi desazón.

Y que era feliz. Que la vida se había convertido en una copa de agua fresca y yo venía de morir de sed.

Poco me importó si tenía que pagar por ello. Era tan poco por tanto que me daba él.

Poco me importaron las botellas de ginebra, tequila y whisky desparramadas vacías aquí y allá.

Poco me importó su mano fuerte apretada en mi nuca golpeando mi cabeza contra un mamparo de cuando en vez. 

Así era él.

Que digan. Que hablen. Qué saben?

Sólo yo lo puedo entender. Lo comprendo. Lo decodifico. Lo abarco. Lo contengo. Como un cáliz a la sangre del cristo. Y él me ocupa, me llena, me define, me activa. Como un hombre a una mujer.

Si dicen borracho, yo digo que se pongan de pie.

Si dicen violencia, yo digo pasión.

Y digo que él es mío, que es mi hombre y yo su mujer!

Podrá ella con todo esto? … no va a poder!

 

El delfín tardío viene navegando a la par por estribor desde hace un rato largo ya. Yo creo que eligió finalmente la banda de barlovento porque es la que ilumina la luna y refresca la brisa. No distinguimos su cuerpo, pero la línea fluorescente se dibuja intermitente y constante como un pespunte en el ruedo del mar. El se inclina y le habla. Se entiende con los animales marinos. Los quiere. Lo quieren. Siempre tenemos algún lobito sobre cubierta, alguna tonina retozando cerca, cardúmenes de pejerreyes o anchoas arracimados contra el casco. A veces un pequeño tiburón.

El delfín no es la excepción. Ahí están, conversando los dos. De qué se hablarán?  El se inclina sobre el guardamancebo hasta que su cabeza queda a distancia de secreto con la del delfín. No le está hablando de mí. No haría falta acercarse tanto para hablar de mí.  Miro mis pálidos pies helados que soportan todo sólo por él. Miro mis manos ayer suaves y finas, hoy nudosas y ásperas. Quiero leer en mi corazón y encuentro un pozo oscuro. La brisa me llama a la realidad rozando mi mejilla con un mechón de pelo pajizo para contarme parte del secreto y suena un nombre de mujer. No es el mío.

Debo confesar que lo supe antes de zarpar.

Supe que mis días estaban contados. Que nuestra escapada sólo me estaba comprando un agónico tiempo más. Que, entusiasmados por la travesía más que por nosotros dos, partiríamos entre gallos y medianoche justo cuando el Río se iba a dormir. Que navegaríamos largas singladuras sin descansar. Que entraríamos en Mar del Plata y luego en Quequén. Nos reaprovisionaríamos en Madryn, donde el viento casi nos impediría entrar a puerto. Que en el Náutico de Comodoro nos agasajarían con un corderito asado rociado con un buen tinto de Chubut. Y que en el Puerto de Ushuaia habría una amarra libre para nosotros dos. Que nos encontraríamos con Gerry que nos llevaría con su perro en su 4x4 a cazar perdiz. Que en el Beagle perderíamos nuestros vasos de vino en una repentina escorada azotados por el willy waw. Que en Puerto Almanza fondearíamos en una caleta y llegaríamos con el dinghy hasta la costa donde se despeñaría un toro mientras juntábamos leña para asar la perdiz. Y en Puerto Williams le cambiaríamos a los pescadores un balde de centollas vivas por un par de vinos de tetrabrik y nos tomaríamos unos piscos en el boliche del puerto con los brasileros que venían de tan lejos y con los noruegos, de más lejos aún. Que Harberton sería un remanso para descansar. Que el Faro del Fin del Mundo nos esperaba con tempestad. Que recalaríamos de regreso otra vez en Comodoro y Quequén y Mar del Plata y que toda la costa atlántica nos vería pasar. Y que ese sería nuestro canto del cisne. Ya lo supe yo antes de zarpar.

Y él se lo está contando ahora al delfín. Le está contando de cuando llegue otra vez al Río. De un encuentro en algún muelle de San Fernando. De una cabellera sedosa y unas manos suaves y finas. De unos pies calzados en provocativos tacos altísimos. De la frescura en la piel. De la inocencia en el alma. De diez años menos en el cuerpo y en el corazón.

No le está hablando de mí.

El delfín tardío se va alejando despacio y él se inclina cada vez más. Queda colgado del guardamancebo como un acróbata acostado de vientre en la cuerda floja. Quiere asir al delfín que se le escapa haciendo graciosos dibujos verde limón alrededor de sus manos, jugando con él pero sin dejarse atrapar.

Ella nunca podrá entender su lenguaje animal.

Ella nunca lo podrá contener. Nunca lo podrá abarcar.

El es mío.

En este momento decido que siempre lo será.

El delfín se aleja definitivamente hacia el este espantado por el chapuzón. Un desborde de espuma fluorescente señaliza el lugar del chapoteo desesperado e hipnotiza mis ojos que miran fijo pero sin ver. Estoy congelada en una toma cinematográfica final con las manos nudosas aferradas al guardamancebo, justo donde antes se acostaba él.

Desvanecida la espuma, me parece ver la línea verde limón de un lomo desplazándose hacia el este por la estela que dejó el delfín… No estoy segura… Puede ser mi imaginación … Aquí abajo se apagó toda actividad…

Pasados unos minutos, la oscuridad es total. La luna desaparece. Ningún lomo fluorescente nada ya para reunirse con algún delfín.

Me afirmo en la rueda del timón, cazo las escotas para ceñir al encuentro del viento que viene rizando el agua unos cables más allá.

Desde adentro de la cabina, interminable, Aute sigue queriéndome con alevosía.

Cada tanto, alguna ola rompe suavemente en el cockpit desparramando noctilucas sobre mis pies descalzos y me trae recuerdos del delfín …

Todavía estoy en Samborombón.

Adelante, me espera la protección del Río, la ola corta y desconforme, las luces, la costa, el calor.

Y la triste certeza de que, a partir de hoy, él me pertenece por toda la eternidad.

 

Dicen que lo vieron por Valparaíso.

Dicen que está internado en un loquero de Trinidad.

Dicen que volvió al Río pero que ya no navega más.

Que murió de pulmonía en Fernando Noronho. Y de sida en un hospicio de Senegal.

Dicen que en noches de luna se ven dos delfines en Samborombón.

Yo sé que mi vida no es la misma desde que no está.


REGATA A MAR DEL PLATA 2009 - por Alita Wexler



Mi compañero de tantas navegadas y mentor náutico me envió un mail con el aviso de regata y un comentario que rezaba: “Dobles en ORC Club. Qué te parece?”
Y ahí estaba yo timoneando el Alcyon hacia la línea de largada mientras Héctor –verdadero capitán de mi nave y héroe de la jornada- intentaba desesperadamente izar el asimétrico, operación que nos llevó una eternidad y retrasó nuestra largada.
Primer error, y casi único, pero fatal. Había llevado las velas a la velería para que les coloquen el número por exigencia del reglamento. Y entre los 50 items que tenía nuestra lista de tareas para la preparación de la regata, estaba la de repasar el asimétrico para asegurarnos de que estuviera bien guardado. Fue una de las dos o tres tareas que quedaron sin tachar ...
Lo pagamos carísimo. No sólo costó hacerlo subir, sino que después, antes de llegar a Oyarvide, cuando se fue poniendo de nariz, no lo podíamos arriar. Dos eternidades.
El magnífico Viki Agote, que iba unas esloras delante nuestro, y veía venir mi poderoso celeste y blanco sabiendo que nos pagaba mucho más que la distancia que nos llevaba a pesar del retraso en la largada, respiró con alivio cuando nos vio parados luchando nuevamente con el patrio balón que nos hizo las mil y una hasta que bajó. Desacatao!
Después, en la pierna de San Clemente a Médanos, cuando nuevamente teníamos viento franco y muy fresco, ya no nos animamos a izarlo otra vez, sobre todo con temor de no poder arriarlo si refrescaba más. La flota se fue ... más allá de nuestra esperanza.
A pesar de todo, disfrutábamos de la navegación y del mar. Dije por ahí antes de zarpar que mi triunfo sería llegar, y lo sentía así. Hasta último momento mi fantasma fue un Sur fuerte que nos obligara a recular para el norte. Pero en la reunión de Capitanes en el YCA, en la que nos agasajaron especialmente y nos dieron una calurosa bienvenida a la clase dobles, haciéndonos sentir como en casa y como si fuéramos muy importantes, en esa reunión decía, nos dieron un pronóstico tranquilizador. Parecía que íbamos a llegar nomás. Pero Héctor es competidor de raza, no termina la regata hasta que cruza la línea.
Llegando a Médanos, creíamos que ya estaba todo perdido, y seguimos firmes pero serenos, cuando un par de millas antes de la canaleta, aparece un barquito en nuestra popa.
Héctor bailaba de contento: “Hay un barco a popa! Hay un barco a popa!”
Yo pensé: “Este no es de la regata! No puede ser que haya quedado alguien atrás. Y si es de la regata y quedó atrás, pues nos está alcanzando ... joder!”
Era el Potra. Un barco que competía en PHRF con tripulación completa. No era contendiente nuestro, pero a quién le importan las fórmulas. A partir de allí, tuvimos nuestra íntima regata propia. Fuimos mano a mano, cabeza a cabeza con el Potra hasta el final.
Eso le dio nuevamente interés a la competencia.
También supimos que los barcos de nuestra serie no nos llevaban tanta delantera, habían encalmado más adelante, de modo que teníamos una chance importante de descontar. El Usuhaia era imparable, y además le pagábamos (grande el calamaco!). Pero el Albacora con su dupla regia (mis respetos Viki y Jáuregui) y un Holland 34 del que poco sabíamos podían estar a tiro. La adrenalina a mil otra vez.
Seguidos por el Potra cruzamos exitosamente la canaleta. Luego se nos adelantó. Luego lo pasamos nuevamente. En fin. Reñimos.
En Villa Gessel nos esperaban los amigos desde la playa. Nos veían pasar peleando con el Potra, que a esa altura nos adelantaba bastante, y nos invitaban a fondear en la bahía y nadar hasta la playa para compartir unas caipirinhas ... ni modo!
Los amigos siguiendo nuestra navegación y alentándonos fueron de gran importancia en el esfuerzo.
Ya de entrada, Osval que no pudo llegar a la línea de largada a hacernos la hinchada por el calmón, pero que sabíamos que andaba cerca de ahí, y Fabi que nos interceptó a la altura de Quilmes para alentarnos, nos dieron fuerza y emoción. Y todos los mensajitos de texto y de voz. Y saber que todos entendían que era mi primera vez y que tal vez no era la mejor ayuda para Héctor pero que lo que importaba era estar ahí, y ahí estábamos. Solos los dos con el mar.
Esa noche, la segunda, me tocó la guardia, frente a Pinamar desde que salió la luna hasta que despuntó el sol.
Descubrí que la luna y el sol salieron exactamente por el mismo rincón del horizonte.
Descubrí que la luna salió exclusivamente para mí esa noche. Descubrí que la luna apoyaba su cabeza en mi hombro, al revés que en los versos de Sabina. Y me acompañaba así, recostada en mi hombro, a lo largo de toda esa noche mágica e irrepetible. Un intenso farol blanco que tornaba resplandeciente la cubierta del Alcyon que se deslizaba como el manto de una novia abriendo en noctilucas de espuma el seno del mar. Y una ceñida de escotas abiertas. Y ese sonido de la proa contra el mar. Y ese suave vaivén. Y yo sola en el cockpit, mi vida dependiendo de una línea que aseguraba al arnés. Y pensé entonces: “Uno soporta mil inclemencias arriba del barco, sólo a la espera de una singladura como esta ...”.
Cuando salió el sol, exactamente por donde había salido la luna, entregué la guardia y fui a descansar.
Cuando salí a cubierta otra vez ... Mar del Plata era nuestra ... pero no la podíamos tomar!
Encalmados junto con el Potra. Nosotros más adentro, el Potra más cerca de la costa y más atrás.
No avanzábamos casi nada.
Sabíamos que el resto de la flota ya había llegado largo tiempo atrás y que no teníamos oportunidad. Pero ya nadie nos quitaría el cuarto puesto de la serie, serie de cuatro competidores, y nadie nos pondría una sigla que dijera que el Alcyon no llegó. En la posición que fuera, el Alcyon tendría su tiempo real y su tiempo corregido, y eso era algo que yo quería ver.
Fuimos llevando el calmón como pudimos, buscando la brisa entre la calma como los buscadores el oro entre la arena, y hallando apenas algunos leves alientos que nos permitían avanzar entre los bolsones de descanso que se estaba tomando el viento. En fin. Que el Potra no estaba mejor.
Yo venía timoneando displicentemente, haciendo milagros para tener algo de camino, cuando veo que Héctor se agita al grito de: “El Potra puso el globo!” A poner el poderoso patrio otra vez, a como dé lugar! Es nuestra única oportunidad de no dejarlo pasar. Si se atasca, paciencia. Perdido por perdido, el globito se portó como el mejor, haciéndose el distraido de todo lo que antes nos había hecho sufrir. Subimos el celeste y blanco, y fuimos tratando de que no se desinfle y nos haga pasar papelón a la hora de cruzar la línea de llegada que estaba ahí ... ahí nomás!
Con Alicia al timón y Héctor con la escota y la braza, cruzó el Alcyon la codiciada línea de llegada llevado de la nariz por su poderoso gennaker color patria, y una comisión agobiada por el calor y la espera nos entregó la pitada de arribo en una jornada de gloria para los tres: Mar del Plata nos perteneció por ese segundo en el que se enfilaron las farolas con la trompa del Alcyon.
El Potra entró casi casi con nosotros, la peleó hasta el final. Como corresponde a un gran barco y a una gran tripulación.
No vale resaltar solamente el error. Hay que decir que el barco estaba preparado a full. Que se banca todos los errores y aprovecha todos los aciertos de su tripulación.
Hay que decir que la navegación fue planeada en forma impecable, contando con los sabios consejos del Nono Torre.
Hay que decir que Héctor compensa de maravillas las falencias que por impericia o inexperiencia aquejan a la Capitana.
Que Nico Promenzio y Eduardo Castro nos guiaron con paciencia y cariño por todos los vericuetos del reglamento.
Que Alberto “Shikandi” Rodriguez, Mario Pereyra y Eduardo “Salvador” Curti me ofrecieron desinteresadamente balsas salvavidas.
Que muchos amigos estuvieron pendientes y ofrecieron su colaboración.
Y que todo eso hizo que esta aventura, una más para otros pero única para mí, fuera desde los preparativos una gesta emocionante y un gran desafío.
Y al final ... las cenas de camaradería y de entrega de premios fueron para nosotros la consagración más allá del resultado.
Porque nos pusieron mano a mano con gente que estaba tan contenta con nuestro arribo como con sus propias medallas.
Y porque nos abrieron las puertas de la amistad con gente de mar. Y porque renuevo mi convicción de que, contrariamente a lo que se suele decir, la náutica no es un deporte machista, sino un deporte de caballeros, que me hicieron sentir como una reina entre pares.
Y porque cumplí mi sueño de llevar al Alcyon a Mar del Plata, y que en el muelle me esperara Tito Rozán (Tito, me debés el calamar... yo te debo tanto!)

CONOCIENDO MI BARCO


Recalando con Héctor Campos


La Recalada: He comprado un barco. Qué hago con él antes de salir a navegar por primera vez?
Héctor: Voy a partir de la premisa que el barco fue revisado al momento de la compra por alguien que entiende, sea un profesional, sea el propio comprador o un amigo de confianza. Entonces, ya se sabrá si el barco tiene problemas que requieren urgente atención. Si no fue revisado por alguien que sabe, sería conveniente hacerlo antes de salir a navegar. La prioridad entonces, antes de salir a navegar por primera vez, es conocer el barco y solucionar los problemas que pueda presentar y que tornen riesgosa o antifuncional la navegación.
LR: Por dónde se empieza el reconocimiento del barco?
H: Se empieza por todas las cosas que hacen a la seguridad y funcionalidad del barco y que puedan ser detectadas de entrada. Se revisa la jarcia, el timón, las velas, los molinetes, los bajolandas, los tornillos de anclaje  de todos los herrajes de cubierta, los guardamancebos, la instalación del motor y el combustible, el aparejo, la maniobra, la instalación eléctrica, las mangueras y esclusas, la instalación de gas.
LR: Qué encuentro cuando saco el barco a tierra?
H: Encuentro todo lo que no veo cuando el barco está en el agua: el estado del fondo del casco; la quilla u orza según el caso; la pala del timón; si tiene motor interno, el eje o la pata y la hélice; una serie de orificios de entrada o salida de agua; el sensor de la corredera si la tiene.
LR: Qué conviene controlar en la proa?
H: La instalación de las landas de anclaje del stay de proa; las cornamusas para fondeo; la estanqueidad de la caja de ancla si la hubiera.
LR: Qué hay que controlar en la popa?
H: El anclaje de las landas del popel; el anclaje de las burdas si las tuviera; sistema completo de timón.
LR: Qué tengo que saber de la cubierta?
H: Ver la calidad, estado y distribución de los herrajes. La calidad, estado y aptitud de la cabullería. El estado de los acrílicos y tambuchos. Pasamanos. Guardamancebos. Herrajes y caña del timón o rueda. La eficacia y calidad del antideslizante. Las landas.
LR: Qué tengo que controlar respecto del mástil y jarcia?
H: Controlar las crucetas. Que la jarcia fija no muestre ninguna filástica cortada.  Controlar el anclaje de la jarcia en el mástil. Averiguar la antigüedad de la jarcia fija para saber cuándo se impone renovarla. Estado general de las drizas, probarlas para ver si corren adecuadamente. Revisar el tope, luces, antena.
LR: Cuánto va a pasar hasta que pueda navegar por primera vez?
H: El control se hace en el día. Si no presenta problemas graves, enseguida se podrá navegar. El control no impide la navegación, al contrario, la torna más segura. Es un paso hacia la confiabilidad, y se irán dando cada vez más pasos a medida que se le vayan haciendo las cosas que el barco pida. Como resultado de ese control, se solucionarán la mayoría de los problemas, se tendrán en cuenta los que todavía no estén resueltos, y se navegará con conocimiento de causa.
LR: Qué tengo que tener en cuenta si quisiera modificar o mejorar la maniobra de mi barco?
H: Primero, qué quiero hacer con el barco. Adónde quiero ir. Si voy a navegar en solitario o con tripulación. Si voy a correr regatas o a crucerear. Luego, la calidad y proporciones de los elementos, que hace a la seguridad en la navegación, a la confiabilidad en la maniobra y a la prestación. Y finalmente, la correcta planificación del diseño para que sea definitivo a fin de evitar innecesarias perforaciones en la cubierta. Con todo ello se buscará obtener de la maniobra su mayor eficacia y sencillez
LR: Cuáles son las tareas de cuidado normales y cotidianas en cualquier barco?
H: Entre las tareas cotidianas que hacen al buen uso y mantenimiento del barco, es primordial mantenerlo limpio, seco y ventilado.  Siempre que regresamos de navegar, es conveniente separar las drizas del mástil, ponerle el cubre mayor, fijar la caña o rueda y ponerles funda, cubrirlo con la carpa. Si es posible, dejar algún tambucho abierto para que ventile, siempre que no entre agua. Mantener seca la sentina. Colocar las defensas. Filar el repique del pujamen de mayor, driza de vela de proa, popel. Cerrar esclusas y llaves de gas. Cortar la corriente. No dejar alimentos perecederos. Guardar las velas. Adujar los cabos.
LR: Cuáles son las tareas de mantenimiento que se deben realizar periódicamente en todo barco?
H: Hay que hacer periódicamente lavado del fondo. Aproximadamente cada dos a tres años habrá que pintar el fondo Estando el barco en tierra, se revisan los ánodos, el eje o pata del motor y la hélice. Cada tanto se da una pulida a las bandas. Se limpian y engrasan los molinetes. También periódicamente hay que repasar los barnices de las maderas exteriores. Cada 8 a 10 años se debe cambiar la jarcia fija. Y a esto habrá que agregar las tareas de mantenimiento propias del motor que tenga cada barco.
LR: Qué elementos debo controlar habitualmente en el barco?
H: Hay una serie de elementos que tienen que estar en óptimo estado permanentemente. Es importante revisar tornillos, tuercas, bulones, chavetas. Encintar o forrar elementos que puedan cortar o pinchar como chavetas de obenques. Revisar el estado de los guardamancebos y sus anclajes. Revisar burletes de los tambuchos. Revisar toda la cabullería y cambiar los cabos que estén en mal estado. Sellar cualquier entrada de agua. Controlar el estado de mangueras de agua y gas. Revisar las velas.  Controlar el estado y vigencia de los elementos de seguridad.
LR: Qué consejo le querés dar al nauta que ha comprado su primer barco?
H:  Yo le diría que conociendo y cuidando su barco, aprenderá a quererlo, se hará amigo, podrá confiar en él, y esto lo ayudará a navegar con más tranquilidad y seguridad. Juntos podrán disfrutar de buenas singladuras.