DONDE ESTA?

JOSHUA SLOCUM Y EL SPRAY

Del inagotable archivo de Hugo W. Barzola


Joshua Slocum, norteamericano, fue el primer navegante que dio la vuelta al mundo en solitario, con un barco construido con sus propias manos: Spray.

Era Slocum, involuntariamente, un personaje de Jack London. Las islas azules, los atolones del sol, los icebergs de extremas latitudes, fueron ingredientes indispensables para la construcción de su mundo. Un mundo donde un hombre, encerrado en la cabina de su embarcación, puede navegar maravillosamente solo, sin subir a cubierta, por días y días, soñando con el encuentro de la ballena azul o con las vahines de Tahiti.

A los 51 años, estando en perfectas condiciones físicas, tomó la decisión, por amor a la mar, de dar la vuelta al mundo, hecho este, hasta el momento no realizado por ningún velero pequeño y con un tripulante solo. Para tener un chinchorro, cortó en dos una “doris"; este medio "doris" le servía también de bañadera. Por no disponer de los 15 dólares necesarios para hacer reparar su fiel cronómetro, se conformó con un despertador.

El mismo farol de dos luces servía para cocinar.



Spray, su barco, reconstruido sobre un viejo casco, era tremendamente robusto, con forro de 4 cm. abulonado a las cuadernas. Medía 11,20 m. entre puntas, 4,32 m. en la cuaderna maestra, lo _cuaI era una manga enorme, y únicamente1,27 de puntal (quiere decir que tenia el fondo casi chato) y desplazaba 12,71 ton. El lastre 3 ton. de cemento, se encontraba todo en el interior. Fue originariamente aparejado a sloop. Así como estaba, el barco le había costado 554 dólares de materiales y trece meses de trabajo.

Slocum fue no solamente el primer navegante que, en solitario, dio la vuelta al mundo, sino uno de los poquísimos que circunnavegaron el planeta de E a O. Con su Spray cerro el anillo alrededor del mundo. el 8 de mayo de 1898 (hace 80 años) cortando la ruta de ida en el punto por el cual habían pasado, en el otro sentido, el 2 de octubre de 1895, dos años, siete meses y seis días antes.

-Si el Spray- comentó Slocum a la conclusión de su viaje -no ha descubierto ningún continente es porque ya no quedan para descubrir. Cuando vuelvo a pensar en mi modesta proeza, concluyo que más de otra cosa me han servido los numerosos años de aprendizaje, durante los cuales he estudiado las leyes de Neptuno; a estas leyes he buscado obedecer durante mi periplo.

En 1909 (tenía más de 65 años) zarpó de Bristol y nunca más fueron vistos, ni él ni el Spray.

Se hicieron suposiciones de todo tipo:

¿Tormenta? No hubo en esos días.

¿Enfermedad? Se hubiera encontrado el Spray.

¿Incendio?

¿Abordaje? Es esta la hipótesis más probable, considerando que la ruta del Slocum era la de los rápidos (y muchas veces negligentes) vapores.


HOBBIE CAT EOLIEN

DEL ARCON DE DON GRONCHETO



HOBBIE CAT EOLIEN


Hobbie Cat EOLIEN: Detalle del mecanismo de rotor


EL NAUFRAGIO DEL MUJERCITAS

Publicado en la Revista “Barcos”

Aporte de Hugo W. Barzola


En nuestra sección "Resultados de Regatas" de esta misma edición, "Barcos” se hace eco da una prueba disputada entre Necochea y Mar deI Plata en la que sufrió un grave incidente -sin desgracias personales- el Cuarto de Tonelada “Mujercitas", que hace un lustro diseñara Roberto Rovere.

Las connotaciones del siniestro son de particular trascendencia por cuanto brindan una clara experiencia sobre un acontecimiento que puede tornarse poco extraordinario y, además. por ser la primera (brillante) actuación de la Mesa No. 3 República Argentina de la Hermandad de la Costa, fundada a fines del año pasado en Mar del Plata. Los amplios marcos de solidaridad marinera que rodearon el suceso del "Mujercitas" merecen ser conocidos.

Todo empezó a las dos y media de la madrugada del segundo día de abril pasado, cuando el ”Mujercitas” varó contra un promontorio que no figuraba en la carta, presumiblemente una piedra o un buque hundido. Esto no fue nada. si a los diez minutos de zafar del inconveniente no se le hubiese desprendido el quillote limpito y de inmediato pegado una vuelta campana.

Sus dos únicos ocupantes –Rodolfo Mena y Clara Rodríguez- lograron quedar a horcajadas del casco invertido, empapados durante el resto de la noche. Aproximadamente a media mañana, por el horizonte vieron desfilar a un Guardacostas de la P N A, sin lograr llamar su atención.

Ya eran cerca de las tres de la tarde cuando en el SW se dibujaba la amenaza de un Pampero en momentos en que el mástil tocaba fondo. Ambas contingencias impedían que la marea los acercase a la costa y, para peor, con posibilidades ciertas de que la tormenta los arrebatara aguas afuera. La playa se encontraba a una milla de distancia -aproximadamente- y ya habían pasado doce horas desde el tumbo. Luego de varias inmersiones, habían logrado rescatar un solo salvavidas, de modo que sin perder la calma y dándose ánimo mutuamente la pareja de náufragos alcanzó la costa a nado.

Como se trataba de una zona agraria, la playa estaba totalmente deshabitada, pero al poco tiempo el Guardacostas había localizado los restos del “Mujercitas” y destacado a un miembro de su personal que, en una embarcación neumática se acercó hasta que, al verlos en la playa, cruzó la rompiente y fue en su auxilio. Los tripulantes del velero averiado fueron llevados a bordo del buque de la PNA donde consumieron varios litros de bebidas calientes y unas quince frazadas por barba. El "Mujercitas" quedaba en el agua, igual; en momentos en que por radio se avisa al hospitaI de Necochea que envía a puerto una ambulancia, en la cual Rodolfo y Clara son internados. AI día siguiente reciben el alta, así que ambos tripulantes deciden intentar recuperar los restos del barco que, según el navegador satelital del "Brisa" que había salido en plan de rescate una vez enterado del accidente, había quedado en la posición 38o 33' 05" S y 58o 25’ 0” W.

A todo esto, los regatistas recién se enteraron del incidente al arribar, organizando el rescate para el lunes 4 de abril. cuando unas treinta y cinco personas –sabiendo que los tripulantes están a salvo- salieron con tres camionetas. un jeep con acoplado, dos embarcaciones neumáticas, equipos de buceo y herramientas a rolete. A la altura del paraje Arenas eI grupo ganó la playa en una camioneta de doble tracción e inició la larga recorrida, hasta toparse con otro vehículo donde unos pescadores llevaban el tangón y algún equipo hallado, con el propósito de restituirlo. Así ubicaron el lugar exacto donde estaba el “Mujercitas", volcado pero varado en la playa. La arboladura se había perdido y el casco yacía a Ia altura del arroyo El Moro. Le quitaron la arena acumulada en el interior de la cabina y, sobre unos tablones, remolcaron el barco a lugar seguro. Se recuperaron uno de los spinnakers, ropa, colchonetas y equipo. Lo esencial se había salvado.

El rescate del “Mujercitas" configuró una movilización de solidaridad náutica en la que participaron no sólo los regatistas y amigos de los accidentados, sino también amigos de amigos (como uno de los buzos que puso desinteresadamente su pesona y equipo a disposición) y un montón de gente sensible que aunó sus esfuerzos con el personal de la Prefectura Naval, que efectuó un trabajo tan prolijo como efectivo. A través de este medio tanto Clara Rodriguez como Rodolfo Mena quieren aqradecer a toda la buena gente que se preocupó por ellos desde que se tuvo noticias de su naufragio.


AYUDA EXTERNA - por Martha L. de Vuilliomenet


(aporte de Hugo W. Barzola)


Reglamento de Regatas Parte V - Otras reglas de navegación. Obligaciones del Timonel y tripulación al Maniobrar un Yate:

Ayuda Externa

Excepto lo permitido por la Regla Fundamental A (Prestando Ayuda), la regla 55 (Varadura o Abordaje a una Obstrucción) y la Regla 58 (Embarcando), un yate no debe recibir ayuda externa ni usar cualquier otro aparejo que la que se encontraba a bordo cuando su señal preparatoria fue hecha.


-Buenas ...

-Oué tal?

El Dr. Crespi toma asiento, los otros miembros del Comité de Protesta lo imitan. Con un suspiro de resignación leen el formulario que ha presentado Ignacio Bedoya, timonel del “Cachafaz".

El Vasco había cruzado la línea de llegada con bandera de protesta en el obenque: la usa tan a menudo que el rojo se ha decolorado hasta un rosado sucio.

El caso es que Ignacio conoce el reglamento hasta en sus mínimos detalles y modificaciones, es técnico en el texto oficial de la I.Y.R.U., se regodea cuando puede citar casos ya juzgados por el Yacht Club Argentino en su carácter de autoridad nacional.

La Comisión de Protesta ya hace mucho que dejó de sospechar para alcanzar una total certidumbre: el Vasco disfruta enormemente luciendo sus conocimientos, pero lo que más le agrada es poner a sus sufridos miembros en apuros.

Crespi, como abogado, es el que se siente más afectado, pero el que mejor se defiende. Ahora se calza bien los anteojos. y lee: "... habiendo Marcelo Rossi, timonel del “Espina", solicitado ayuda externa para cruzar la línea de llegada, le fue concedido dicho auxilio, contraviniendo así la regla 60 del Reglamento de Regatas."

-¡No me digan que el Curita hizo eso!

La exclamación se cruza con otros comentarios asombrados. Todos saben que Marcelo es correctísimo. Es impensable que apele a una trampa para ganar.

El Curita, como le dicen a Marcelo Rossi, no es sacerdote sino seminarista y gracias pero el apodo. como la vocación, le viene desde chiquilín.

-Pero este Bedoya está loco. Yo fui oficial de día y les digo que los únicos que estaban cerca de la llegada eran el "Cachafaz" y el "Espina", los demás estaban por allá lejos, no había nadie más...

-Si fuiste oficial, contá la llegada, pero no te vayas por las ramas.

-El "Espina" y el "Cachafaz" pelearon toda la regata. Al final Bedoya sacó una pequeña ventaja. Soplaba poco, se transformó en una brisita, después fue un suspiro y calmó. El "Cachafaz" llegó a unos veinte metros de la lancha. Flotaba inmóvil o quizá retrocedía algo, había una leve corriente en contra. A popa, a unas dos esloras, se balanceaba el "Espina" acunado por la calma. Hacía un calor de achicharrarse, aunque en la lancha no estábamos tan mal, salvo esas moscas que aparecen cuando no sopla. Muchas veces me he preguntado de dónde saldrán esos bichos, cubren la cubierta, las velas, te caminan encima... Son tontos, lerdos, casi cariñosos... ¿vieron que hay algunos que tienen rayas de colores en el cuerpo o en las patas? Para mí que en su tiempo libre juegan rugby. Uno de ellos parecía de ciencia ficción. Negro, flaquito, caminaba por mi brazo esquivando los pelos. Tenía dos antenas rematadas por unos ojitos redondos y verdes, las movía a destiempo mientras avanzaba y me miraba...

-Si no volvés a la regata no terminamos más, se hace tarde.

-Lo siento, perdonen. En la calma se oye todo, así que oímos al Vasco gritándole al Curita para que rezara.

-¿Que rezara?

-Sí, que pidiese viento. Tres o cuatro veces le gritó, con ese vozarrón que raja las velas. Marcelo no contestaba, pero con ese calor, en el lightning inmóvil...

-Abreviá, por favor.

-En realidad nosotros nos divertíamos porque la lancha tiene toldilla y tomando algo frío, salvo las moscas...

-¡Terminá con las moscas o traigo un insecticida!

-Perdón. Ignacio volvió a vociferar "rezá, Curita, rezá" pero se lo gritó de mal modo, burlándose. Nos callamos, esperando que Marcelo le rajara una buena...

-¡AI grano, al grano!

-¡Ya termino, qué tanto! En el silencio, sobre el agua quieta, rebotó la voz del Curita, contenida pero furiosa. Se notaba que se le había acabado la paciencia...

-A mi mujer se le va a acabar la paciencia si llego tarde otra vez. ¿Qué dijo el Curita, qué hizo?

-Mordiendo cada palabra dijo algo como “te ruego, Dios mío, que sople o lo mato". Después, gritando las palabras, cada una bien separada de la siguiente, rezó un Padrenuestro.

-¿Y?

-Apenas se rizó el agua con un soplo que era el aliento de un ratón, pero el spinnaker se hinchó y el "Espina" se movió, resbaló y despacito, despacito, alcanzó al “Cachafaz”. El Vasco estaba impresionante, la cara escarlata y como tiene el cuello más ancho que la cabeza...

-¡Vuelva a la huella, amigo!

-Eso fue todo, salvo que Marcelo pasó junto al “Cachafaz” con una sonrisa beatífica, tan grande que creí que se le iban a caer las orejas dentro de la boca. Sopló algo más, cruzó atrás el "Cachataz" y al rato, los demás.

-¿Quién ayudó al “Espina”?

-Nadie. Si no había nadie más...

El Dr. Crespi pidió la presencia de los dos timoneles. Se odiaba por haber aceptado participar en la Comisión de Protesta. Otra llegada tarde significaba el tribunal inquisitivo de su mujer y su suegra. Su habilidad de abogado naufragaba ante esos interrogatorios cruzados y descreídos, desde que una vez, años atrás...

Reconciliados después de algunas cervezas, entraron Ignacio y Marcelo.

-Oíme, Bedoya. ¿de qué te quejás?

-El timonel del "Espina" pidió ayuda externa, y Dios se la dio.

Todos se rieron, hasta Marcelo. No se reía Crespi, que miraba preocupado el reloj.

Miró serio al Curita:

-¿Vos creés que Dios ayuda a los que le rezan?

La pregunta estaba mal formulada, se dio cuenta inmediatamente.

En la cara del inglés Stevens, los ojitos celestes relumbraban de malicia; Carbonell, catalán y ateo desde su nacimiento, sonreía burlonamente.

El Curita respiró hondo, enrojeció. No hace falta un león sarnoso para ingresar en el martirologio. Susurró:

-Sí...

Avergonzado de su debilidad, gritó:

-¡Claro que ayuda, se lo pedí y me ayudó!

Lo descalificaron por aplicación a la regla 60, pero hasta el Vasco reconoció que tiene pasta de Obispo, por parte baja.

 

PUERTO NORTE

Del inagotable archivo de Hugo W. Barzola

ESA EXTRAÑA RIVALIDAD - por don Groncheto


Magnífica tarde de verano de 1916, con cielo sin nubes, atmósfera diáfana, viento suave del NE, en fin, uno de esos días que "dan gloria".

La boca del Luján en aquel año todavía no había comenzado a poblarse de embarcaciones fondeadas frente a la paya balnearia de suerte que la navegación era "fácil", aquí una lancha bajaba el curso a rumbo fijo y allá un velero remontaba bordejeando de costa a costa.

La claridad atmosférica, los perfiles definidos de los montes orilleros y la matemática exactitud de la superficie acresponada del agua daban al cuadro todas las características de una acuarela de tintas suaves sin sombra alguna.

La lancha continúa su ruta aguas afuera y el velero en su bordada con amuras a babor trata de ceñir para vencer la corriente, vasto es el espacio que rodea el campo de acción de ambas embarcaciones, cada una de las cuales tiene agua mas que suficiente para maniobrar, la lancha de casco de fierro con filosa roda avanza mientras el timonel y la tripulación del velero en la bordada de amuras a babor por quedar a sotavento se les oculta por el volumen del barco escorado parte del horizonte de barlovento, la lancha avanza sin cambiar de rumbo, las distancias se acortan, unos instantes mas y el cuadro de tranquilidad tropical cambiará drásticamente.

Así sucedió: La lancha embistió de lleno al velero en el justo medio de la eslora, cortándole la banda desde el trancanil hasta el pantoque

Gritos, órdenes, contraordenes, maniobras aceleradas e indecisas en un principio componen el nuevo cuadro, de aquí, de allá, de los rincones formados por los juncales aparecen botes y canoas que se dirigen a prestar ayuda al herido, pero felizmente la avería se ha producido a barlovento, sobre la banda de por la escora está fuera del agua. el timonel dándose cuenta de esta ventaja, deriva, da camino hace escorar aún más y pocos segundos después el velero está en la orilla sobre el bajo fondo de los juncos, allí al enderezarse deja entrar por el boquete el agua que en pocos momentos más lo echó a pique cubriéndolo hasta la cubierta.

La segunda parte de la escena transcurre en tierra, es otro el cuadro.

Los timoneles discuten derechos de paso, obligaciones y responsabilidades.

El del velero alega que basta observar la avería para convencerse que su barco estaba adelante, que la lancha debía haber pasado por la popa y además gobernar frente a un velero.

El de la lancha expresa que el camino estaba libre Que, en el momento de abandonar el timón para observar una partida de truco que a la sazón jugábase en la popa, no había avistado ningún obstáculo en la ruta.

Los derechos de paso no surgen evidentes, la solución no aparece para cortar la discusión.

Alguien que presenciaba y probablemente había visto las tapas del reglamento de regatas confundiéndolo con el de navegación donde están las reglas para evitar colisiones, interviene para aportar su luz procuradora, diciendo muy ufano: La lancha tiene razón, porque el velero venía amurado a babor y no tenía por consiguiente derecho de paso.

Dos horas transcurren en citas de disposiciones, trayéndose a colación casos análogos ya resueltos sin poder establecer quién es el responsable, ambas partes alegaban estar en razón cuando de pronto el timonel de la lancha dice: A pesar de que el culpable no soy yo estoy dispuesto a abonar las averías ¿Cuánto importan ellas? Presupuéstelas el club a quien pertenece al velero.

A doscientos pesos ascendió el monto de las reparaciones, todos quedaron satisfechos pero el club quedó con un velero remendado.

El velero no es otro que el Aurora, el primero de los clase Río de la Plata, el nombre de la lancha nadie lo recuerda...


EL NAUFRAGIO DE LOS BAILEY

Del inagotable archivo de Hugo W. Barzola


NOTICIERO ARGENTINO

En Montevideo

Marilyn y Maurice Bailey


¿Quién no conoce al matrimonio Bailey: Marilyn y Maurice?


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Ella empleada estatal y él tipógrafo, decididos a alcanzar Nueva Zelandia, vendieron su casa, reunieron sus ahorros, compraron un barco y zarparon rumbo al Pacifico Austral.

El inesperado codazo de una ballena hizo fracasar el proyecto de la pareja, hundiéndole el barco y dejándola a la deriva en un bote salvavidas por 117 días. Las dramáticas alternativas de los dos náufragos han sido relatadas por Marilyn y difundidas por la prensa mundial. Yachting Argentino resumió, para sus lectores, la prosa de la valerosa mujer.

Marilyn se encuentra ahora, con Maurice y un matrimonio amigo, en Montevideo, decidida a explorar la costa patagónica y los canales fueguinos, con un Ketch de 13 metros de eslora y doble forro (¿para resistir las caricias de otros cetáceos?). Luego piensan seguir, vía Pacifico, a las Galápagos y, desde allí, volver por Panamá a Inglaterra. Nuestra revista augura a Marilyn y Maurice Bailey y a sus amigos ¡Felices singlaturasl

Yacht Argentino


LA PINO DAPARENTI 2010 - por Alita Wexler

UNA REGATA DE UN SOLO TIEMPO


Viernes 17 de setiembre, 18,15 hs.

Apoltronada ya en mi cama, descansando del último día agitado de una agitada semana, tratando de ponerme al día con las novedades en mi correo electrónico, foros náuticos, noticias legales y demás cuestiones de “sumo interés” que no requieren de gran despliegue neuronal ni de otro movimiento que el de los dedos, suena mi celular.

Era Alejandro Jeanne, mi querido y joven amigo y compañero de varias regatas ya.

Ale: Qué hacés mañana?

Ali: Nada

Ale: Querés correr la Pino en el Gaviota?

Ali: Siiiiii ¡!!!!!!!!!

Ale: Hay dos opciones, o te venís ahora para el CNQ a llevar el barco a Nuñez con nosotros y ya nos quedamos todos en el barco, o te venís mañana tempranito a Nuñez.

A las 21 hs. estaba abordo del Gaviota, H20 que integra la competitiva flota del Náutico Quilmes capitaneado por el entusiasta Raúl Vainberg que en el corto tiempo que lleva navegando ha pasado muchas millas bajo la quilla de su barquito.

Entre los tres llevamos el barquito al Cuba, en una navegación de noche clara y serena, con una brisa sureña que nos pidió que icemos el spi para cumplir mejor su labor. Los muchachos me cedieron el placer de timonear, posiblemente a cambio del mayor placer de hacer nada navegando en la noche lunar.

En menos de tres horas estábamos amarrados en el siempre amigable CUBA, junto a otros barquitos que iban a correr también, y muy cerca del que iba a ser nuestro rival y nuestra pesadilla.

El sábado 18, alrededor de las 9hs., mal dormidos y mal desayunados, nos pusimos en marcha hacia la línea de largada.

La primera largada sería para las series S, a las 10hs., y la última era para la nuestra, la F, junto con la E, a las 10,25hs.

Con puntualidad absoluta, a las 10,25 largamos en buena posición, con un ESE que no permitía el globo, haciendo fallar todos los pronósticos que habían prometido un NE que auguraba una regata a todo color.

Con escotas abiertas, que cada vez abríamos más, fuimos desgranando millas en el pequeño gran barco, bajo el firme timón de Ale y el fino trimado de Raúl. La que escribe iba tratando de conseguir la escora ideal, trasladando su peso un poco más aquí, un poco más allá (haciendo banda le dicen, yo creo que es un arte, no me voy a achicar), ya que fue una regata de un solo borde salvo la pierna final. Me tocaba también llevar estricto control del rumbo, GPS mediante, y de cada alteración del viento y la velocidad. Y cada tanto hacía alguna tarea en la proa que estuvo tranquila hasta el final ... o casi.

Esta va a ser una regata de lanas, había predicho Ale. Y tuvo razón. Raúl no sacó los ojos de las lanitas de proa ni las manos de las escotas de genoa desde el top de largada hasta el top de llegada ... o casi.

Promediando la regata, el viento se había franqueado a un través con rachas negadas y calmas prestadas, y entró el virus del spi en nuestra sangre. Dará el ángulo para ponerlo? Si lo ponemos y entra, la jornada será nuestra. Si lo ponemos y no entra ...

Es que unos cables a barlovento venía el Compinche a todo galope, y así lo digo porque parecíamos montados en dos pura sangre que echaban espuma por la boca controlándose de reojo y peleando la cancha centímetro a centímetro.

Cualquier error sería fatal. Cualquier acierto sería triunfal.

Y el spi del Gaviota que era nuevo y se había probado sólo con vientos de popa o aleta, así que no conocíamos su rendimiento total.

Hasta que nos animamos y lo izamos en una maniobra impecable, como si la hubiéramos practicado toda la vida.

El globo entró, a pesar del ángulo cerrado, exhibiendo su ductilidad, y la corredera pegó un salto que demostró el acierto de la decisión.

Ave más que nave, volaba el Gaviota encima de las aguas haciendo honor a su nombre, nunca tan bien puesto.

Pero el Compinche subió su globo también.

No lográbamos sacarle un palmo de ventaja y así llegamos a la boya, única marca que había que montar antes de cruzar la línea final, intuyendo que en esa trabuchada nos jugábamos la general.

Montamos la boya y trasluchamos los dos hacheveintes al unísono en lo que fue como un pas de ballet.

La pierna final fue un cabeza a cabeza que Gardel habría querido cantar.

Aprovechando cada ola con el spi, apenas antes de arribar, el Compinche nos mostró la popa y, aunque luchamos hasta el final, un par de esloras marcaron con su dedo inexorable la frente del campeón.

Segundos en la serie, segundos en la clase y terceros en la general fue el resultado para el ligero Gaviota y su tripulación.

El Compinche se llevó las palmas, con un primer puesto en la serie, en la clase y en la general.

Entre ambos, el Cuartito Azul, un Rhea ajeno a nuestra disputa pero que salió segundo en la general.

Felicitaciones a ambos!

Y para el Gaviota también!


Y ahora me tocaría relatar la tarde de camaradería entre patis y choripanes, cervezas y risas, en un club donde los barquitos arribados amarran en apretado abrazo empujándose unos a otros como amigos jugueteando para hacerse un lugar, ocupando hasta el último centímetro cuadrado del espejo de agua del club anfitrión.

Pero no.

A pesar de los más de cien barcos inscriptos, no hubo esta vez colas de ruidosos regatistas esperando su chegusán con su ticket en una mano y la de algún amigo en la otra.

No hubo esta vez un coro de nautas bebiendo y contando cada borneo y cada virada hormigueando a todo lo largo y lo ancho del predio del club.

Los barquitos amarrados entraban holgados en sus improvisadas amarras y sobraba todavía mucho lugar.

Busqué a muchos barcos amigos que habían corrido pero no los encontré. Se habrán vuelto sin entrar?

Comí mi rico chori y una deliciosa bondiolita con mucha cerveza, sentada frente a las parrillas en una de las dos o tres mesas ocupadas mientras buscaba sin éxito a los demás tripulantes de las muchas naves que vimos arribar.

Y ahora me tocaría relatar la fulgurante entrega de premios a que nos tiene acostumbrados el CNQ, y la estupenda fiesta en la que bailamos todos codo con codo gastando las baldosas de la confitería hasta el amanecer.

Pero no.

La entrega de premios de esta regata de cien barcos fue sencilla y corta. El salón de la confitería que siempre está abarrotado de nautas que esperan recibir su premio o aplaudir el de los demás, esta vez lucía una discreta concurrencia que no alcanzaba a llenar ni las mesas habituales del lugar.

No puedo decir si hubo fiesta después, porque no me quedé.

Tampoco se quedaron la mayoría de los que estaban allí.

La nota emotiva me la dio el amigo Jorge Cousillas, del Ojo Náutico, que me sorprendió con un calendario que luce una hermosa foto de mi querido ex barquito, el Alcyon, con Héctor y yo abordo y el gennaker patrio desplegado en impecable trimado. Gracias Jorge, casi me pongo a llorar!

No vi promoción de la regata semanas antes del evento como siempre se hacía.

No vi los anuncios, no recibí ninguna invitación.

Nadie me llamó por teléfono del CNQ para recordarme que me tenía que inscribir.

Nadie me pidió que ayudara a promover la regata en mi blog y en los foros de discusión.

No pudimos este año intercambiar desafíos y promesas de sacarnos chispas para ir palpitando la regata en una previa excitante.

A pesar de eso, la regata sigue convocando nautas con su estropada nomás. Un patrimonio que no se debería desperdiciar.

La Pino, como se la conoce simplemente, es una regata ya tradicional en el río.

No es una regata con dificultad. El espíritu de competencia no se deja en casa, desde ya. Pero más que para competir, esta regata es para juntarse con los amigos. Para recordar a don Pino y con él, a todos los navegantes que se llevó el río o el mar. Una tarde para disfrutar en familia. Una noche para beber y bailar. Para reir con amigos. Para trasnochar. Una jornada náutica de competencia y camaradería. Un encuentro del norte con el sur.

Una regata que nos espera con una cerveza para cada tripulante apenas pasamos la línea de llegada y con música a todo volumen en un club engalanado y feliz de recibirnos allí.

Una manera de recordarnos a los que estamos más al norte de Dársena que hay un hermoso club solidario, acogedor, náutico, más al sur, donde siempre hay una amarra de cortesía disponible para recalar. Es una fiesta del río. Un encuentro de navegantes.

Hace ya unos años que los competidores vienen comentando una gradual decadencia de la regata, un gradiente descendiente en los preparativos y en los festejos. Casi como una falta de interés que genera una falta de ganas de participar.

Este año, directamente fue una regata de un solo tiempo.

No tuvo ni previa ni tercer tiempo.

Este año, la tradicional fiesta náutica de la Pino Daparenti fue una competencia nomás.


LOS KRYPTON

DE LOS INAGOTABLES ARCHIVOS DE DON HIGO W. BARZOLA Y DON GRONCHETO



KRYPTON

EL EVARISTO

Aporte de Hugo W. Barzola


El Vapor

Ibamos en el "Lucy" por el canal de unión Luján – San Antonio con el vasco lzureta (yo también soy vasco) cuando pasa un barco arenero antiguo, de una chimenea salía un poco de humo, en tanto que por la válvula de seguridad salía en cantidad vapor. Mi amigo me dice: “Mirá cómo echa humo ese barco". Yo le contesto: “no es humo, es vapor". Qué va, que es humo; qué va, que es vapor ... La respuesta puso punto final a la discusión. Pues será vapor, pero también humo.

Evaristo

Cuando empezamos la construcción del "Evaristo" en la azotea de Berutti 3474 había mucho que preparar y prepararnos.

Teníamos una sierra con motor de heladera, así que no se le podía dar mucho.

Tenía sus 30 pies de eslora, 7 de manga y un puntal chiquito.

Habíamos hecho una caja de vapor con un tanque de 30 litros y un dispositivo largo para poder doblar las varetas. Andaba bien, pero había que cuidar el piso que era de amianto, así que le pusimos como fuente de calor tres primus grandes, sobre una chapa de hierro sobre unos ladrillos. Anduvo bien y salió.

El asunto era bajarlo. Se nos ocurrió llamar a una empresa que bajaba grandes pesos como cajas de hierro, etc., llamada "La Seguridad". Vinieron a ver el trabajo y los tres al unísono dijeron que sí, que son $1.000. Mi única exigencia era que fueran a las seis de la mañana, para que no hubiera público, y me dijeron "sí, pero hay que cortar el árbol". Así lo hicimos, una noche de poco tránsito cortamos el árbol al ras del suelo y lo llevamos para arriba.

Ya todo preparado, a las seis de la mañana comenzó el descenso a un camión que había mandado el Dr. Pedro Alberto Escudero, amigo mío que tenia una flota de camiones.

En ese momento llega mi hija Suzy de un baile con unos amigos que no podían creer lo que veían.

De allí a Martínez, a la quinta de una tía mía Julieta Vivan de Beguerie donde se le dieron los toques finales. Luego se lo llevó en una anguilera con ruedas a lo de Gutierrez en San Isidro y allí al agua, previo bautismo.

Navegué mucho en el "Evaristo". Fuimos a Punta del Este, entramos en río Sanborombón y en el río Salado con pleamar. Me lo llevaron a Europa (Napoli puoi muori). Allí recorrió las islas griegas. Fondeamos en Creta, fuimos a Marsella, etc.. ¡Ma pero, tutto fato a mano!

Cambió de dueños. Sigue navegando. ¡Cómo me gustaría poner los pies sobre su cubierta!

El Bote

De esto me acuerdo bien, fue en el "Joanne" en el YCA San Fernando. Lalo Casado era y es muy bueno y, aunque él no podía salir, nos prestaba el barco -lo cual no es poco.

Un sábado estábamos varios a bordo, entre ellos mi amigo el "Almi" Renato V. Ares, y mientras ellos hacían los últimos aprestos, yo estaba abajo llenando el Rol para presentar en la Prefectura de San Fernando. Siento que decían: "No lo icen así que la boza no va a aguantar, está en mal estado".

Pero el gallego: “Icen nomás que está fuerte".

Parece ser que lo ataron a la driza de mayor y arriba con la manija. En eso se oye un estrépito horroroso y un alarido aún más fuerte.

Al momento entra el gallego, cuyo nombre se me fue, por la escalera de la cabina y agarrándose con las manos el marote dice: "Y menos mal que me dio en la cabeza, que si no me mata".

Parte del “Evaristo”

Nosotros estábamos construyendo con gran empeño y poca sabiduría el futuro "Evaristo" en la azotea de mi casa. Y ya estábamos en los finales del caso. Una tarde llega un amigo de algún hijo mío, y la única pregunta fue: "¿Cómo hicieron para subirlo?"

Basilio Perivolarls

Este griego estaba de contramaestre en el YCA Mar del Plata.

Sabía mucho y cuidaba los barcos como joyas. Los más grandes eran tres y creo que se llamaban "Nemo", "Maca" y "Polaris".

Una vez estaba un aviso ARA fondeado en situación comprometida o porque garreó o por un salto del viento.

Para salir a otro lugar mejor o para irse da marcha atrás y le pega a uno de los “Solent”. Da avanti y agarra a otro, trata de zafar y embiste al tercero.

Desde tierra el contramaestre le gritaba incendios al comandante. de alto contenido emocional para él y su familia.

Ya en el paroxismo de su furia le dice: “Comandante!! Comandante!! Zapatero!!! Claro está que el Comando Naval de Mar del Plata -o como se lame- le mandó una nota a Federico Leloir, Comodoro del YCA, llamando la atención por la conducta irrespetuosa a un comandante.